«Guiados por su Espíritu»

Devotional

«Luchar para ganar»




En su carta a los gálatas, Pablo describió el conflicto espiritual entre la carne, y el Espíritu:




«Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres, pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor... Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no estas bajo la ley».




Dios nos ha creado como seres tripartitos, algo así como las tres personas de la Trinidad. Somos espíritu, alma y cuerpo. Pablo explicó, que en el conflicto entre estas partes, es donde luchamos contra la lujuria, la tentación y el pecado.



  • Nuestro espíritu estaba muerto, pero cobró vida en Cristo cuando nos salvó. El espíritu de una persona vivirá eternamente en el cielo o en el infierno. El cuerpo será resucitado en el juicio final para reunirse con el espíritu. Un espíritu redimido es vuelto a hacer a la imagen de Cristo. Eso es lo que significa «estar en Cristo». De hecho, si usted es creyente, no puede ser más espiritual de lo que es ahora.

  • Nuestra alma se compone de nuestros pensamientos, emociones y voluntad. Incluye nuestros deseos y pasiones humanas. Nuestra condición natural es el egoísmo y el orgullo. Es ese fuerte impulso. Es la parte que Pablo llama «la carne», en sus cartas. En realidad, Pablo utilizó el término de diferentes maneras en dependencia del contexto. A veces se refería al cuerpo físico, pero más a menudo, se referiría a la naturaleza humana caída, egoísta y autosuficiente; opuesta a la voluntad y los caminos de Dios.

  • Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Es el lugar donde moran el espíritu y el alma.




Cuando pecamos, dejamos que nuestra carne gobierne sobre nuestro espíritu. Pablo explicaba que estos dos siempre están en guerra, en ocasiones la lucha es más obvia que otras, pero es algo constante. Podemos sentirnos desanimados porque a veces parece que estamos perdiendo. Esa es la naturaleza de la guerra, pero no es toda la historia. Dios siempre está obrando, en todos los aspectos de nuestra vida, para lograr sus propósitos. Pablo terminó su carta a los cristianos de Tesalónica con esta oración: «Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará».