«Guiados por su Espíritu»

Devotional

«Verdadera lucha, esperanza verdadera»




Las promesas de Dios son magníficas, y se han cumplido en nosotros y para nosotros por medio de Cristo, sin embargo, la vida guiada por el Espíritu es una lucha, un combate, una guerra entre fuerzas opuestas.




El apóstol Pablo lo entendió muy bien. En su carta a los Romanos enseña la verdad de Dios sobre todo tipo de temas cruciales como: el cielo y el infierno, la creación, el juicio, el perdón, la justificación, la santificación, la obra de la gracia, el papel del Espíritu, nuestra adopción en la familia de Dios, la conexión con el Antiguo Testamento, la ley y el gobierno, la relación con personas difíciles, y otros temas. 




Un pastor podría pasar diez años sacando e impartiendo enseñanzas de esta carta de Pablo y nunca llegaría a sus profundidades. Prácticamente en la mitad de esta gloriosa porción de la Escritura, comparte sus propias luchas. Enseña la gloriosa verdad del perdón, el poder y la esperanza de Dios, pero también es completamente honesto acerca de sus fracasos. Puede que no queramos mirar debajo de la superficie de la vida de Pablo, pero no nos da otra opción. Allí describe la imagen desagradable durante todo un largo capítulo. Anteriormente había enseñado acerca de la maravilla de la gracia de Dios en Jesucristo, y explicaba que la ley es eficaz para revelar nuestros pecados. Luego admite su lucha personal. En el séptimo capítulo, confiesa: «No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena… De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero».




Podemos sentir su exasperación al final de su confesión cuando exclama: «¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?»




Yo me siento muy contento de que la carta no termine ahí, porque Pablo comienza luego ¡uno de los capítulos más esperanzadores, poderosos, e inspiradores de la Biblia! El vínculo se encuentra desde el final del capítulo 7 a los primeros versículos del capítulo 8:




«¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! En conclusión, con la mente yo mismo me someto a la ley de Dios, pero mi naturaleza pecaminosa está sujeta a la ley del pecado. Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte».