Navidad: 13 Días De Paz

Devotional

Emanuel: El Dios de Paz con Nosotros 


Escrito por Danny Saavedra


“He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.”—Mateo 1:23 (LBLA)


¿Qué es lo primero que aprendes de alguien cuando te presentan por primera vez? ¡Su nombre! ¿Por qué? Porque los nombres nos ayudan a recordar a las personas, a identificarlas y a saber con quién nos estamos comunicando.  


Hoy en día, muchas personas nombran a sus hijos en función del nombre que piensan que es bonito o atractivo o popular, raras veces examinan más profundamente los orígenes y la etimología del nombre o su significado cultural y patrimonio. En tiempos antiguos, los nombres se daban por razones especiales. Isaac ("se ríe") fue nombrado debido a la risa de Abraham y Sara cuando Dios les dijo que tendrían un hijo en su vejez. A Jacob ("agarra el talón") se le dio su nombre porque nació " agarrado con una mano del talón de Esaú." (Génesis 25:26 NVI).  


Los nombres de la Biblia son verdaderamente significativos porque a menudo nos dicen algo acerca de la persona. ¡Y puedo decirles con confianza que ningún nombre en la historia del universo tiene más significado o nos dice más de una persona que el nombre mencionado en Mateo 1:23! 


Un poco de contexto: José y María se comprometieron para casarse. Pero de alguna manera María quedó embarazada antes de la boda, y no por José. No es exactamente la boda perfecta, ¿verdad? Así que, después de descubrir que María estaba embarazada, José canceló el compromiso.  


Ahora, como descubrimos hace unos días, José podría haberla avergonzado públicamente o hacer que la apedrearan hasta la muerte. ¿Por qué? Porque como su prometida, era esencialmente como si ya estuviera casada. Por lo tanto, el quedar embarazada de otro equivalía a ser atrapada en adulterio. Él estaba dentro de sus derechos legales para seguir esta ruta, pero en Mateo 1:19 (NTV) se nos dice que él decidió romper el compromiso en secreto porque era un hombre justo.  


¡Pero antes de que pudiera seguir adelante con la ruptura, él fue visitado en un sueño por el ángel Gabriel, quien le confirmó que la historia de María era verdadera! En Mateo 1:20–21 (LBLA), él dice: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados." Y todo esto aconteció para que se cumpliese lo que el Señor habló por medio del profeta Isaías, quien dijo: "He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel." (Isaías 7:14 LBLA), que significa "Dios con nosotros." 


Me encanta este pasaje. Me encanta este nombre. ¡Es el nombre perfecto para el regalo perfecto de Dios! Hay mucho consuelo, paz y belleza en él. Para mí, hace una declaración definitiva que dice que este niño, Jesús, fue de hecho el Hijo de Dios, el Mesías prometido, la semilla de Abraham, el heredero eterno al trono de David.  


Esto también trae a la mente otro pasaje de los Evangelios que habla del Verbo eterno que "se hizo hombre y habitó entre nosotros" (Juan 1:14 NVI). Pero antes de llegar allí, Juan 1:1–2 (NVI) nos dice que, "En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio". Aquí, el apóstol Juan nos dice que Jesucristo, el Hijo de Dios, es la encarnación viviente de la Palabra de Dios. El es Dios encarnado; el que habló la voluntad del Señor para creación en el principio (Génesis 1:1–2:3; Salmo 33:9; Hebreos 11:3). Él es el carácter, corazón, voluntad y mente de Dios Padre tal como se revela al mundo.  


Al prepararse para celebrar la Navidad, recuerden que Emmanuel vino a hacer un camino para que todos conocieran a Dios profunda e íntimamente, para salvarnos de nuestros pecados, para transformar nuestro corazón, para renovar nuestra mente, para hablar paz a nuestra alma, y para dar vida a nuestro espíritu (Juan 1:4–5). El Hijo de Dios dejó el cielo para que tuviéramos "el derecho de ser hijos de Dios" (Juan 1:12 NVI). Hizo Su morada entre nosotros, murió por nosotros, y ahora hace Su morada dentro de nosotros. ¡Oh, qué nombre tan hermoso es!