Navidad: 13 Días De Paz

Devotional

La Presencia de Jesús 


Escrito por Danny Saavedra


“Pocos días después, María fue de prisa a la zona montañosa de Judea, al pueblo donde vivía Zacarías. Entró en la casa y saludó a Elisabet. Al escuchar el saludo de María, el bebé de Elisabet saltó en su vientre y Elisabet se llenó del Espíritu Santo. Elisabet dio un grito de alegría y le exclamó a María: — Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y tu hijo es bendito. ¿Por qué tengo este honor, que la madre de mi Señor venga a visitarme? Cuando escuché tu saludo, el bebé saltó de alegría en mi vientre. Eres bendita porque creíste que el Señor haría lo que te dijo.”—Lucas 1:39-45 (NTV)


Pocos pasajes de la Biblia me llenan de tanta emoción como esta área de la Escritura. Imagínese la escena conmigo por un momento . . . Tan pronto como el ángel Gabriel pronunció a María la increíble, milagrosa y relevante noticia de que ella daría a luz al tan esperado Mesías, ella comenzó a empacar para ir a visitar a su prima Elisabet, quien el ángel le dijo a María también estaba embarazada. 


Unos días más tarde, ella llegó y saludó a su prima. Y tan pronto como la voz de María llegó a los oídos de Elisabet, sucedió algo milagroso y sorprendente: el bebé en su vientre "saltó de alegría". Justo al son de la voz de María, Juan, aún sin nacer, quien un día bautizaría a Jesús, saltó dentro de ella. ¿No es eso increíble? 


Con respecto a esto, el teólogo Matthew Poole señaló: "El movimiento del niño en el vientre de la madre... no es nada inusual . . . pero sin duda este movimiento fue más que ordinario.” Es probable que Elisabet hubiera sentido a Juan pateando o moviéndose en su vientre antes, pero nunca así. ¡Esto fue adoración desde el vientre! Fue como cuando David en 2 Samuel 6:14 (NTV) "danzaba con toda su fuerza delante de Jehová", ¡sólo que esta vez tuvo lugar en el vientre de Elisabet! En ese momento, por el poder del Espíritu Santo, ella reconoció que el salto se produjo porque estaba en la presencia del Señor, el Hijo de Dios, el Mesías y Redentor.  


Y entonces, exclamó con entusiasmo: ¿Por qué tengo este honor, que la madre de mi Señor venga a visitarme? " Me encanta cómo la versión Dios Habla Hoy de la Biblia traduce este versículo: "¿Quién soy yo, para venga a visitarme la madre de mi Señor?" 


Cada vez que leo este intercambio, me conmueve hasta las lágrimas. ¿Se imaginan el sentimiento que Elisabet debió sentir cuando el Espíritu Santo le reveló que el Salvador del mundo estaba en el vientre de su prima? Recuerdo a Simeón, quien al ver a Jesús tuvo el honor de sostener al Mesías recién nacido en sus brazos y dijo: " Porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos " (Lucas 2:30–31 NVI).  


Hay una alegría indescriptible cuando experimentamos la presencia de Jesús. Hay una plenitud, una paz y una emoción que nos hace estallar en celebración y alabanza pura y sin reservas. Las cadenas se rompen, las escamas son removidas, hay sanación, la oscuridad huye y los cansados encuentran descanso. ¡No hay nada como esto en el mundo! 


Como creyentes, podemos vivir en esta realidad todos los días. Ruego que nunca perdamos la maravilla, el asombro y la alegría de vivir cada momento en la presencia del Señor a través de la morada del Espíritu Santo dentro de nosotros. Ruego que nunca demos por sentado Su presencia, y que continuamente, diariamente recibamos un llenar fresco de Su Espíritu.  


Al igual que María lo hizo durante su embarazo, nosotros llevamos la presencia de Dios dentro de nosotros dondequiera que vamos, lo que nos permite compartir la luz, el amor y la paz de Jesús con todos con los que entramos en contacto. ¡Llevamos el glorioso regalo de Dios dentro de nosotros, un regalo que todos hemos sido encargados de compartir con el mundo! Entonces, ¿qué estás haciendo con Él? ¿Cómo es cuando entras en una habitación? ¿Cómo reaccionan las personas cuando te encuentran u oyen tu voz? ¿Es evidente para ellos la presencia tangible del Señor dentro de ti? ¿Está la luz del mundo brillando a través de tu vida o la has cubierto y escondido?  


Amigos, al acercarnos a la Navidad, una fiesta donde las luces festivas llenan nuestras ciudades, ruego que nosotros, los que llevamos dentro la presencia del Redentor en nosotros brillemos la luz de Cristo más brillante, “para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” (Mateo 5:16 NVI).