Toda acción tiene consecuencias

Devotional

Lo contrario a la alabanza


Lo opuesto a la alabanza es la queja porque, cuando nos quejamos en medio del desierto, le decimos a Dios «¡¿qué pasó?! ¡No merezco esta prueba!, ¡no es justo!; ¡soy bueno y no le hago mal a nadie…!». ¡Pero eso es mentira porque la Biblia dice que no hay ni un justo!, es decir, los tiempos buenos, la salud, la prosperidad y la protección de Dios son un regalo. Job se preguntó si aceptaría solo lo bueno de Dios y no lo malo. Veámoslo así: bendecimos a alguien en necesidad con un dinero al mes durante tres o cuatro años, pero de repente decidimos no hacerlo más. ¿Tiene esa persona el derecho de pelear y reclamarnos la plata? ¡Claro que no! Entonces, ¿por qué creemos que tenemos el derecho de quejarnos con Dios en los tiempos malos? Pablo dijo que sabía vivir en abundancia y escasez, salud y enfermedad...; necesitamos tener y entender la gratitud.


Lo que hacemos cuando todo sale mal es un gran secreto, incluye preguntarle a Dios «¿qué?; ¿qué quieres enseñarme?, ¿qué quieres decirme?, ¿qué propósito tienes con este desierto?». En Deuteronomio, Dios les recordó a los israelitas los cuarenta años en el desierto y que los llevó allí para revelar lo que había en su corazón. ¡Él tenía un propósito! También les dijo que los llevó allí para enseñarles que no solo vivirían de pan, o sea, de éxito y prosperidad, de tiempos buenos, sino de toda Palabra que salía de su boca. La palabra “desierto” en el griego significa ‘el lugar en el que Dios habla’.


En Oseas, con respecto a Israel, Dios dijo que lo llevaría al desierto y le hablaría a su corazón. Por eso es el sitio en el que le decimos al Padre «¿qué quieres decirme?, ¿qué propósito tienes?».