Toda acción tiene consecuencias

Devotional

Las tres puertas de Job


La primera puerta abierta de Job fueron sus temores. Él dijo que lo que siempre temió, le ocurrió, se hizo realidad lo que lo aterraba. ¿Cuáles son nuestros miedos?, son puertas abiertas al enemigo: temor al fracaso, a que nos roben, a que les hagan daño a nuestros hijos, a que nuestra pareja nos abandone… Satanás es astuto y sembró en nosotros semillas de miedo desde que éramos niños; todos los días las alimenta y las usa en contra nuestra. El temor es una puerta abierta a él. La Biblia dice que todo se hará como creemos y, así como creemos en la sanidad, prosperidad y lo bueno, podemos temer la enfermedad, desgracia y pobreza, y el enemigo se asegurará de que eso nos acontezca.


La segunda puerta abierta es la mundanalidad de sus hijos. Celebraban unas fiestas que seguramente no eran del agrado de Dios, duraban tres y cuatro días a punta de “des-pa-cito”, trago, infidelidad y quién sabe qué más. Lo sabemos porque la Biblia dice que Job tenía la costumbre de ofrecer sacrificios para expiar los pecados de sus hijos y eso está bien, es nuestra función como papás y sacerdotes orar por ellos, pero hay un momento en el que hay que tomar autoridad y disciplinar.


La tercera puerta abierta era su esposa. ¡La “bruja” no amaba a Dios! Después de su segunda prueba, el libro de Job relata que le preguntó a su marido por qué mantenía su integridad y le sugirió que maldijera a Dios y se muriera; ¡qué tal! Preguntémonos cuál fue el pecado de Job antes del matrimonio: ¡no consultó al Señor! Se casó con la bonita, pero no con la voluntad de Dios, eso les pasa a muchos. Hay que discernir la voluntad del Señor porque ya casados, el divorcio no es una opción. ¿Recuerdan que al comienzo de este devocional dijimos que, después de la prueba, sus hijas eran las más bellas? Mi pregunta es, ¿será que Dios mató a esa esposa y le dio otra más hermosa, o, mejor aún, ella recibió el regalo de la redención? Eso embellece a nuestros hijos, ¡piénsenlo!