Navidad: 13 Días De Paz

Devotional

El Plan Perfecto de Paz


Escrito por Danny Saavedra


“El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios . . . ” —Génesis 22:8 (NVI)


¿Has escuchado a alguien decir: "Es tan loco que podría funcionar"? Es un tema común de televisión/películas donde los héroes que están desesperados idean un plan irracional, sin sentido e increíble, y funciona. Un buen ejemplo es Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza, donde los rebeldes inventan un plan desesperado para atacar a la Estrella de la Muerte con una pequeña fuerza, con la esperanza de que un avión de combate pueda disparar un torpedo en un conducto de ventilación, lo que desencadenará una reacción en cadena, destruyendo toda la estación espacial. Loco, ¿verdad? ¡Lo suficientemente loco como para que funcione!


¿Por qué te cuento todo esto? Bueno, la historia que se encuentra en Génesis 22 parece un plan de locura. Aquí, Dios le ordenó a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac. Espera, ¿cómo? ¡Eso no tiene sentido! Verás, Dios le dijo a Abraham en Génesis 12 que lo convertiría en una gran nación, e Isaac era el niño a través del cual eso iba a suceder. Pero luego Dios dijo, “Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas – Isaac - y… ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré” (Génesis 22:2 NVI).


Esto debe haber sido algo desgarrador e indescriptiblemente doloroso para Abraham. Isaac era el hijo amado de Abraham; el futuro del pacto de Dios dependía de él. Pero Abraham escuchó a Dios e inmediatamente le obedeció en fe.


A veces, en la vida, nos enfrentaremos a situaciones que quizás no entendamos. Pero cuando entendemos el carácter de Dios y Su inmenso amor y perfecta bondad, así como reconocemos que Su voluntad es siempre para nuestro bien y Su gloria, entonces podemos obedecerle en fe porque sabemos que Él obra todas las cosas para el bien de quienes le aman, los que han sido llamados de acuerdo con Su propósito. (Romanos 8:28).


Verás, Abraham sabía que la voluntad de Dios nunca contradiría Su promesa, así que se aferró a la promesa que decía, “En Isaac te será llamada descendencia” (Génesis 21:12 RVR). Abraham creía que incluso, si Dios le permitía sacrificar a su hijo, Él podría resucitar a Isaac de entre los muertos (Hebreos 11:17-19).


En esto vemos la verdadera naturaleza de la fe. No exige explicaciones; se basa en promesas. Por eso Abraham pudo decir a sus siervos, “seguiremos adelante para adorar a Dios, y luego regresaremos junto a ustedes” (Génesis 22:5 NVI énfasis añadido), y por lo que pudo decirle a su hijo, “El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios…” (Génesis 22:8 NVI, énfasis añadido).


¿Entonces qué pasó? Bueno, Isaac – que era un hombre adulto y no un niño ingenuo como generalmente se le describe en el relato de esta historia – sabía lo que estaba sucediendo, cargó la madera para su propio sacrificio y permaneció en silencio mientras lo colocaban en el altar. No protestó cuando Abraham levantó el cuchillo. De su propia voluntad se entregó a su padre. Pero Dios detuvo la mano de Abraham y proporcionó otro sacrificio. “A ese sitio Abraham le puso por nombre: ‘El Señor provee’. Por eso hasta el día de hoy se dice: ‘En un monte provee el Señor’ (Génesis 22:14 NVI).


Dios usó un plan aparentemente loco para anunciar el plan más significativo e indescriptible en la historia del mundo: ¡Su plan para rescatar a la humanidad del pecado y la muerte y traernos a la paz perfecta con Él! Cuando Dios llamó a Abraham para que le siguiera, hizo una promesa: “Haré de ti una nación grande . . . ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” (Génesis 12:2-3 NVI).


Como explica Gálatas 3:16 (NVI): “Las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: «y a los descendientes», como refiriéndose a muchos, sino: «y a tu descendencia», dando a entender uno solo, que es Cristo.” Esa descendencia, ese Hijo de promesa que sería dado (Isaías 9:6) para bendecir a todas las naciones y traer paz crecería para convertirse en el Cordero (Isaías 53:7) quien sería sacrificado por los pecados del mundo (Isaías 53:4-5).


¡La Navidad es una celebración del momento en que Dios proporcionó el Cordero!