Confiable: Aprendiendo valentía de la vida de Daniel

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Devotional

Día 3—El Dios Que Nos Rescata


De la lectura de hoy vemos inmediatamente que algunos caldeos (en algunas versiones «astrólogos») aprovecharon la ocasión para «acusar a los judíos» maliciosamente (v. 8). Podemos estar seguras de que la motivación de estas acusaciones eran los celos. Los caldeos que se acercaron al rey Nabucodonosor estaban celosos y querían destruir a los tres jóvenes judíos. Sadrac, Mesac y Abednego habían sido promovidos a puestos importantes de liderazgo inmediatamente después de que Daniel interpretara el sueño del rey (Daniel 2). Tal vez los caldeos vieron una manera de deshacerse de esos judíos y congraciarse con el rey para que los promoviera a ellos.


Los caldeos no perdieron el tiempo para comunicarle al rey la negativa de los hebreos de postrarse ante su ídolo. Con astucia, alimentaron su ego, diciendo: «¡Que viva Su Majestad por siempre!» (v. 9), y luego describieron el decreto en su totalidad, obviamente para fraguar la acusación contra los hebreos: «Esos judíos a los que Su Majestad puso a cargo de los negocios de la provincia de Babilonia, no respetan a Su Majestad, ya que no adoran a sus dioses ni a la estatua de oro que Su Majestad mandó erigir» (v. 12, RVC).


Sadrac, Mesac y Abednego eran muy conscientes de que la decisión de no postrarse cuando sonara la música sería evidente porque los demás seguramente sí se inclinarían. Sólo el valor que recibieran de Dios los ayudaría a mantenerse firmes para resistir las órdenes del rey Nabucodonosor. Estoy segura de que temblaban de miedo, sabiendo que el rey había preparado un horno ardiente para todo el que se negara a doblar las rodillas ante su orden y su ídolo.


La definición de «valor» no es la ausencia de temor, sino la perseverancia en medio de él: «resistir el peligro, el temor o la dificultad». Y eso es lo que hicieron, en medio de una multitud de personas que cedió ante las demandas de un rey impío en una cultura impía. 


El rey respondió con furia ciega a la desobediencia de los judíos. Ordenó que lostrajeran ante él y les preguntó: 


Sadrac, Mesac y Abednego, ¿es verdad que ustedes no honran a mi dios, ni adoran la estatua de oro que mandé erigir? Díganme entonces si, al oír el sonido de bocinas, flautas, tamboriles, arpas, salterios y zampoñas, y otros instrumentos musicales, están dispuestos a arrodillarse ante la estatua que he mandado hacer, y adorarla. Porque si no la adoran, en ese mismo instante serán arrojados a un ardiente horno de fuego, y entonces ¿qué dios podrá librarlos de mis manos? (Daniel 3:14,15, RVC)

El Dios Todopoderoso, mediante el poder de su Espíritu Santo, es tu fortaleza para atravesar cualquier fuego en que te encuentres. Sólo Él te da el valor para resistir las maquinaciones del enemigo. Dale las gracias por su promesa de nunca dejarte ni abandonarte.