Hoy recordaré

Day 7 of 7 • This day’s reading

Devotional

Y qué si…


«¡Salta! ¡Salta! Yo te recibo. ¡No tengas miedo!» Escuchar esas palabras de la boca de mi papá provocaba una sensación de aventura. Esa emoción de probar algo que nunca antes había intentado… pero a la vez, teñida con una sensación de inseguridad. Aquel pensamiento fugaz de “y-qué-si”, ¿no me alcanza a sostener? “Y-qué-si” ¿me caigo de cabeza? En ese instante tengo que tomar una decisión: recordar cada ocasión cuando mi papá me ha llevado a vivir momentos inolvidables y animarme a... ¡saltar! O imaginarme todas las cosas terribles que pudieran suceder en un instante que harían de mi vida una tragedia. Me corre la sangre… la adrenalina acelera mi pulso, mi respiración… ¡tengo ganas de gritar solo con la anticipación de lo que viene! Mis rodillas tiemblan… mis manos sudan un poco… como resultado del “y-qué-si” que trata de opacar mi deseo de vivir este nuevo momento de aventura con él. Todo esto pasa en un instante por mi mente. Y de pronto, tomo la decisión — ¡¡Saltaré!!


Nuestro Padre Celestial desea tener esos momentos de aventura con nosotros. Esos instantes de fe activado, vividos con Él. Instantes cuando escuchamos su voz que nos reta y anima a brincar… y tomamos la decisión de confiar en su cuidado incomparable y no en nuestra propia fuerza o conocimiento. Tenemos que decidir saltar a esos brazos de amor que esperan animarnos, abrazarnos y llevarnos a lugares de pastos verdes.


Es tiempo de tomar en nuestras manos la decisión más importante de nuestra vida: ¡creerle a 


Dios! Es tiempo de dejar a un lado nuestra duda y temor y levantarnos en su verdad, Cristo es la verdad; mientras vivió en esta tierra lo afirmó. Él dice que siempre está en nosotros, ¡créele! Él nos afirma que esos valles de sombras de muerte no los pasaremos solos, ¡créele! Él dice que somos más que vencedores, ¡créele! Él declara que somos hijos aceptados, escogidos, y con propósito. Él nos ha dado un destino, ¡créele! ¡Salta! ¡Salta! ¡No tengas miedo! No pensemos ya más en el “y-qué-si”. Tomemos la decisión de creerle… y ¡saltemos! Comencemos la aventura que hasta ahora, solo hemos soñando. Una vida abundante en Cristo.