Hoy recordaré

Day 3 of 7 • This day’s reading

Devotional

Rendida a Cristo


Hace poco viví algo que cambió el rumbo de mi realidad. ¿Nunca te ha pasado algo así? Posiblemente lo que ocurrió se vea como una tragedia, una pérdida, una enfermedad. Algo tan obvio que no lo puedes ignorar. Pero en esta ocasión lo que rompió mi ritmo confortable fue una conversación con mi Padre. Sí, así es... una conversación. No fue una conversación audible sino en mi espíritu. 


Mi mente me decía que yo merecía ser conocedora de mi propia vida, mi futuro... de mi presente. No entendía porque Él no podía entender mi necesidad... mi razonamiento. ¿Por qué no podía ver Él que yo estaba en todo mi derecho de pedir claridad en su dirección? ¿Cómo iba yo a poder cumplir su destino para mi vida si yo no podía entender qué era lo que deseaba lograr en mi situación? Yo necesitaba saber cuál era su “plan divino”. Yo necesitaba que Él me hablara sencilla y lógicamente. 


En eso, mis oraciones fueron contestadas: Él me habló. Esto fue lo que me dijo: «Estás frustrada porque no te has puesto de acuerdo con lo que Yo estoy haciendo en tu vida». Inicialmente no me gustó mucho esa explicación porque implicaba que yo no era protagonista de mi propia historia, sino Él. Me quedé con la boca abierta... en asombro. Primero, porque Él me había contestado de esa forma; y segundo, porque me dejó sin palabras... sin argumento... sin excusa... sin reclamo. Solo me quedaba hacer una sola cosa: rendirme a Él. 


Tuve que rendir mis expectativas, mis argumentos, mis deseos y anhelos. Tuve que entender que lo que Él desea para mí es mucho mejor y más grande que lo que mi mente finita puede imaginar o pensar. Tuve que entender que su vida, propósito y visión eran mayor a mí, pues Él es eterno, trasciende los tiempos y que mi vida es pasajera, corta, limitada. Que mi visión nunca podría llegar a la grandeza de su visión. Entonces, las palabras del apóstol Pablo, se hicieron realidad: He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. Que su propósito eterno es más grande que mi propósito temporal y limitado a una vida, en un espacio de tiempo determinado. En ese momento me vi con la necesidad de tomar una decisión... y la tome. Decidí ponerme de acuerdo con su propósito y destino, para mi presente y mi futuro y ser parte de lo que Él quiere hacer a lo largo de las épocas y los tiempos.


Esto me trajo una libertad y fortaleza para caminar, y hasta correr hacia mi futuro. No hay nada 


mejor que ponerte de acuerdo con su plan perfecto para tu vida y la humanidad. Este lugar de alineación divina me brinda paz y trae descanso a mi alma.