CICATRICESSample

Día 3. No escondas tus cicatrices
En la palabra de Dios hay muchos ejemplos de personas que hirieron y quienes fueron heridas, pero voy a traer solo un caso en particular. La historia de José es por mucho el top en el tema de heridas y cicatrices. José desde joven sufrió heridas de desprecio de su familia, pero no solo eso, sufrió en su piel los golpes propiciados por quienes debían cuidarlo, sus hermanos, quienes incluso planificaron quitarle la vida. Cuando tuvieron la oportunidad, lo golpearon y luego lo lanzaron en una cisterna vacía, es decir, un hueco hecho en la tierra a una profundidad de 3 a 4 m aproximadamente. Allí, con frío y dolor, quizás con alguna herida en la piel producto de la caída; herida que dejaría una marca que representaría aquel fatídico día para siempre.
Posteriormente, a pesar de sus gritos y pedido de misericordia a sus hermanos, fue vendido como esclavo, quienes lo amarraron y azotaron durante el camino a Egipto, dejándole más marcas en su piel, lejos de casa, yendo camino a otra ciudad, y por primera vez experimentaba cosas así, siendo apenas un muchacho. Imagino a José llorando más de dolor en su alma que de sus propias heridas físicas, pensando: ¿Cómo pudieron mis hermanos hacerme esto? Y pienso: ¿Cómo serían todas las noches posteriores? A partir de ese momento, los eventos que siguieron no mejoraron su situación; aunque por temporadas estaba bien, terminaba recibiendo heridas por otros flancos, pues fue calumniado por la esposa de Potifar, jefe de la casa donde trabajaba, acusándolo de intento de violación, mediante mentiras y artimañas inventadas, y al final fue a dar a la cárcel, donde también fue herido por aquel copero del rey, quien no cumplió su promesa de abogar por él.
Resumiendo la historia, luego de tantas cicatrices, José fue nombrado gobernador de Egipto. Pasaron algunos años, y por alguna razón no se fue a buscar ni a su padre ni a su familia, no dijo para sí mismo: “Es hora de volver y ver si mi familia está bien”. Había una herida allí en el corazón de José aún latente, tratando de cicatrizar con los años, y convengamos en algo, no es para menos, y quizás muchos de nosotros haríamos lo mismo. José no alistó una comitiva, o envió a alguien bajo su mando a buscar a su familia. José llevaba una herida tratando de cicatrizar que, si bien había permitido que avanzara con su vida, se casara, tuviera hijos, DIOS sabía que esa herida debía cicatrizar por completo y cumplir el propósito por el cual había sido llevado a Egipto desde joven. Ahora quiero destacar que en cada herida y cicatrización que José recibió, nuestro Señor le consolaba de alguna manera u otra, y puedo afirmarlo porque en la lectura de su historia en el libro de Génesis encontramos de continuo la frase: “Y DIOS ESTABA CON ÉL”.
Dios dispuso cerrar esta cicatriz trayendo a su familia, y José revivió todo ese dolor; también lloró, perdonó y se reencontró con su padre y su familia, perdonó a sus hermanos, y puedo imaginar el alivio de José al quitarse ese peso de tantos años guardado, que, aunque pensemos que no afecta porque estamos “bien”, en realidad sí afecta en lo más profundo. José, luego de todo esto, experimentó lo que se llama “PLENITUD”.
Todo lo que José hacía prosperaba, y aquí quiero darte una enseñanza: sea lo que sea que te hayan hecho, sea como sea la herida, así sea muy profunda, sea quien sea que te la hizo, así duela mucho, DIOS ESTÁ CONTIGO; a la vuelta de una oración, de un clamor, Él sabe lo que es sufrir por alguien, Él conoce el dolor, Él conoce la injusticia, Él conoce la humillación, y Él se responsabilizó por lo que no hizo, para librarnos hoy de nuestra responsabilidad de lo que sí hicimos, nuestros pecados. Él llevó en sus espaldas, en sus pies y manos, en su frente y en todo su cuerpo la marca y el castigo de nuestra paz, justificándonos ante el Padre, y al resucitar no hizo desaparecerlas; las dejó para demostrarnos su amor, experimentando a través de su gracia que jamás nos ha tratado con distancia o con reservas, siendo los causantes de su dolor, sino que se acerca a nosotros cual bondadoso Padre a pesar de quiénes somos o lo que hayamos hecho.
A lo largo de mi vida, he recibido muchas marcas de heridas de quienes amé, en quienes confié; he sufrido el ver las espaldas de aquellos a quienes un día les tendí la mano marchándose sin decir nada, a quienes les abrí mi corazón, les di mi tiempo y mi cuidado. He experimentado heridas de quienes menos pensé que me las harían. También viví de primera plana el desprecio de quienes se suponía que debían cuidarme espiritualmente. Y esas marcas cicatrizadas que tomaron mucho tiempo en curarse, las llevo hoy, no con dolor, ahora con sabiduría y entendimiento, para poder ayudar a otros quienes también han sido heridos. Es por eso que sé lo que se siente. También he provocado heridas, que me han costado luego lágrimas, arrepentimiento y un sentimiento de impotencia de no haberlas evitado con anticipación. Todo forma parte de nuestros triunfos y errores, pero te diré algo: He conocido la REDENCIÓN en torno a este tema a lo largo de este camino y ahora estoy más atento a no herir a nadie y perdonar a quienes me hieran.
¿Cómo sanar las heridas del corazón? Es una pregunta compleja que tomaría muchos años y estudios tratar de responderla; sin embargo, te puedo decir que, primero, no debes pensar que perdonarás a quien te causó la herida cuando “lo sientas”, porque jamás, jamás, jamás lo “sentirás”. En cambio, el “hacerlo” es simplemente una decisión que debes tomar de manera sincera con Dios y, de ser posible, sentarte o llamar a esa persona o escribirle, aun sin que te hayan pedido perdón (generalmente no lo hacen), y decirle: “TE PERDONO HOY POR ESTO…”. “ESTO QUE ME HICISTE ME HIRIO”… y así haya pasado el tiempo como la historia de José, debes terminar de cerrar esa herida abierta, que se cumpla luego ese proceso de cicatrización; si no, seguirá doliendo aunque sientas que “LO HAS SUPERADO”. Por otro lado, si no se puede tener contacto con esa persona por alguna u otra razón, ve a tu recámara y, cerrada la puerta, clama a Dios, habla con Él, perdona de corazón y sigue.
Esto no lo digo yo, está escrito en la Biblia, y el mayor modelo, quien lo hizo, ha sido el SEÑOR JESUCRISTO, ¿lo recuerdan? “PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”. Segundo, debes quitar el orgullo de tu corazón. Una herida automáticamente genera orgullo, aparte de la ira, el rencor y la venganza, como sistema de defensa, y exclamamos: “NO ME VAN A HERIR DE NUEVO” y créeme que te volverán a herir, así con tu orgullo y todo. El orgullo y la falta de perdón van tomados de la mano y se unen para fingir una cicatrización de la herida, pero la misma sigue supurando, infectada, con la costra aún formándose. Por otra parte, si tú heriste a alguien, RECONÓCELO; sabes que la conciencia te acusa, por lo que debes dejar el orgullo. Ve y pídele perdón, llama, escribe ahora mismo y cierra ese capítulo; de hecho, es un mandato de Dios. Sé que es difícil y muchos no lo harán, pero si lo haces, te aseguro que sentirás cómo se te quita un enorme peso de encima y darás paso a las bendiciones de Dios en tu vida que han estado bloqueadas.
¿Quieres que tu herida sane? Debes entender que las heridas tapadas no se curan bien. Cuando sufrimos, hacemos una herida; dependiendo del tamaño, solemos colocarnos un apósito o, como lo llaman en mi país, una curita, una bandita; pero si dejas ese vendaje mucho tiempo, esa herida difícilmente sanará rápido. Lo que inicialmente protegió esa herida, si no lo quitas y curas bien, mantendrá una humedad y no podrá realizarse el proceso de cicatrización y así sanar. A veces hacemos así, tapamos emocionalmente la herida y fingimos que todo está bien, nos convertimos en actores, hasta que nos damos cuenta de que simplemente no permitimos que el proceso de cicatrización se haya realizado. Confiesa a Dios tu herida y tu dolor, pero destapa las vendas que mucho tiempo has mantenido, perdona a esa persona, deja que Dios trabaje en ti y recibe la ayuda que Dios envió a través de personas que solo quieren curarte, que traen alcohol, antisépticos y analgésicos. Aunque duela el curetaje, es necesario que así sea, para que esa herida cierre de una vez por todas. También debes esperar el tiempo necesario para cicatrizar; cuando vino el diluvio, solo llovió 40 días, pero las aguas tomaron 5 meses en bajar. Una herida se produce rápidamente, pero debes esperar que bajen las aguas; debes esperar el proceso, no te lo saltes, no lo retrases. Espera el tiempo de Dios.
¡Gracias por leer este devocional!
Dios te Bendiga
Para pedidos de oración o simplemente escribir tu testimonio o si tan solo necesitas un oído que te escuche, puedes escribir a este correo PRUEBAJANN2026@GMAIL.COM
About this Plan

¿Alguna vez te han herido? ¿Alguna vez sufriste un accidente o una operación? ¿Tienes alguna cicatriz que te recuerda una herida? Muchos de nosotros tenemos marcas en nuestro cuerpo que nos recuerdan el dolor que un día sufrimos; asimismo, nuestra alma guarda cicatrices. Acompáñame durante estos próximos 3 días en este aprendizaje, que nos enseñará a no ocultarlas.
More