CICATRICESSample

Día 1. Cicatrices en el cuerpo
Existen varios tipos de cicatrices a nivel corporal; unas pueden ser por alguna herida producto de un accidente o caída, y otras por operaciones estéticas o de salud, incluso una cesárea. La mayoría de nosotros tiene cicatrices de nuestra niñez o de nuestro crecimiento. Muchas de estas cicatrices son visibles, algunas están escondidas o camufladas; otras personas se hacen tatuajes en esas cicatrices porque de alguna manera se avergüenzan de que las vean los demás. Para ser honestos, ninguna cicatriz es bonita ni elegante a la vista, no vemos a nadie exclamar: ¡Oh, qué hermosa cicatriz tienes!". Muchas cicatrices forman lo que se llama queloides, que son marcas elevadas, gruesas y firmes que crecen más allá de los bordes de una lesión original.
Muchas personas se avergüenzan de mostrar sus cicatrices, porque ellas ocultan el trauma o la enfermedad que las causó, y traen recuerdos de ese proceso de sanidad que tuvieron que vivir.
Ciertamente, cada uno lleva sus propias cicatrices; nadie puede llevar las cicatrices de los demás ni entender el significado de las mismas en los demás. Cada quien lleva sus propias marcas, quizás marcas de luchas, de dolor, de enfermedades, de depresiones, de desobediencias, de accidentes, de frustraciones; por otro lado, para muchos son marcas de felicidad porque se sometieron a un procedimiento quirúrgico para realzar su belleza. Por esta razón no podemos calificar de positiva o negativa una cicatriz; lo cierto es que la mayoría de nosotros tenemos alguna en nuestro cuerpo, y representa una marca de haber superado algo en determinado momento. Para otros, es la marca de cuando las circunstancias de la vida trataron de derribarlos y no pudieron, por lo que representa una victoria.
Las cicatrices están allí contando parte de nuestra historia; es parte de un pasado, lo que sufrimos, pero sanó y se cerró; también es el recordatorio de que debemos seguir adelante. La herida que sufrimos no acabó con nuestras vidas, sino que, al contrario, nos dejó una evidencia en nuestra piel de que pudimos recuperarnos. Aunque pensemos que nosotros mismos pudimos sanar esa herida, la realidad no es así; tuvimos personas que nos ayudaron en ese momento, quienes nos llevaron a un hospital, o quienes nos sanaron en casa, aquellos padres, esposos, novios, cuidadores, doctores o enfermeras que nos ayudaron, quizás nuestros parientes, y en muchos casos amigos enviados por Dios en ese momento específico, pero quien siempre estuvo, está y estará en cada herida de nuestras vidas es Dios. De hecho, fue Dios quien le otorgó al ser humano la capacidad de regenerarse en el tiempo; la mayoría de nuestro cuerpo, incluso órganos, lo hace. Nuestro cuerpo lucha contra enfermedades, cierra heridas; hay todo un proceso biológico que Dios instaló en nuestro ADN con esa capacidad, porque Dios mismo sabía que por alguna razón u otra nuestros cuerpos sufrirían heridas, y puso un sistema avanzado y complejo de ingeniería biológica en nuestro organismo para recuperarse.
Muchos de los grandes hombres en la Biblia sufrieron heridas dejándoles cicatrices. El apóstol Pablo sufrió heridas de azotes que le marcaron para siempre su cuerpo. En su Carta a los Gálatas mencionaba que llevaba en su cuerpo las marcas de Cristo y que esas marcas le hacían pertenecer a Él; por tanto, se comparaba con aquellos animales que eran y son marcados en las haciendas con el sello de la finca marcado en el lomo del animal al rojo vivo, pero luego queda la cicatriz, para que todos sepan que pertenecen a un dueño específico.
Hay una persona que llevo unas marcas particulares en su cuerpo, marcas que jamás nadie podría llevar, marcas que nos hacen estar hoy vivos, incluso puedes leer este devocional debido a ellas; marcas que simbolizan amor, salvación, Fe, esperanza, marcas que nos acercaron al Padre y nos reconciliaron con El, marcas que significaron mucho dolor, marcas en su cabeza hecha por una corona de espinas que horadaron su frente, marcas en sus manos, atravesadas por clavos oxidados, marcas en su espalda, rasgada por el vil látigo de centuriones romanos que dejaron ver parte de sus huesos, marcas en sus pies, traspasados para que su dolor fuera más agonizante, marca en su costado, abierta por aquella lanza en manos de un soldado que seguía ordenes, y todas esas marcas, dolorosas, que nadie podría soportar, las recibió nuestro amado Señor JESUS, YAHWE, EL GRAN YO SOY, marcas que debimos recibir nosotros por nuestro pecado, marcas que fueron exhibidas en la cruz del calvario, declarando el momento de mayor DOLOR pero también de mayor AMOR, por nosotros y para nosotros.
Nuestras cicatrices, que produjeron primeramente dolor en el momento que nos las hicimos, no son nada comparadas con las cicatrices de nuestro Señor, pero Dios permitió que las tuviéramos hoy en día, no para avergonzarnos, sino para que entendamos que Él siempre ha estado a tu lado y a mi lado, sanando nuestras heridas y haciéndonos entender que esas marcas que hoy llevamos solo nos hicieron más fuertes. Así que no escondas más tus cicatrices, déjalas que cuenten tu testimonio, deja que Dios hable a través de ellas, mostrando su gracia en tu vida. Y si actualmente estás atravesando por una herida, si estás cicatrizando o luchando, o a punto de ser operado(a), quiero decirte que: pronto sanarás y que esas marcas que tendrás serán el testimonio de tu superación y de lo que Dios hará y ha hecho en ti.
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¿Alguna vez te han herido? ¿Alguna vez sufriste un accidente o una operación? ¿Tienes alguna cicatriz que te recuerda una herida? Muchos de nosotros tenemos marcas en nuestro cuerpo que nos recuerdan el dolor que un día sufrimos; asimismo, nuestra alma guarda cicatrices. Acompáñame durante estos próximos 3 días en este aprendizaje, que nos enseñará a no ocultarlas.
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