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CICATRICES

DAY 2 OF 3

Dia 2. Cicatrices en el alma.

Cuando era pequeño tuve un accidente en mi colegio; recuerdo que era la hora del recreo y, al oír el timbre, todos salimos corriendo al patio. El piso de este era de granzón (una especie de piedra picada) y, de repente, mientras corría, otro niño me empujó y caí de frente al piso con mi boca abierta y mi lengua se rasgó en el acto. Inmediatamente la sangre manchó mi franela, y luego se formó el escándalo, todos corriendo y gritando. Realmente no sentí dolor, solo veía la sangre destilar de mi boca. La maestra corrió a levantarme y me llevó al baño para limpiarme con agua; allí se dio cuenta de la gravedad, pues mi lengua solo colgaba de dos extremos laterales, se había partido en la mitad. Al poco tiempo llegó la ambulancia, llegaron mis padres al hospital, y lo próximo que recuerdo es despertarme con una especie de malla plástica que me cubría toda la lengua. Mi recuperación fue lenta y dejó en mí una marca en mi alma; me marcó con TEMOR. Durante mi recuperación, al dormir, a veces soñaba con la escena y me despertaba, y siendo un niño, lloraba, pues solo podía alimentarme con líquidos, aparte del dolor que sentía. Con el tiempo mi herida fue sanando, y me retiraron la malla, luego los puntos, y me quedó una cicatriz en mi lengua, pero también en mi ser, porque ahora no podía hablar bien; había pasado todo el tiempo de recuperación comunicándome por señas y escritura.

Cuando volví al colegio, ya no salía al recreo, no hablaba con casi nadie porque se me trababa la lengua, y cada vez que me miraba al espejo para observar mi lengua, veía mi cicatriz y revivía aquel momento. Al pasar el tiempo y con rehabilitación, superé aquel accidente, pero hoy, al describirlo nuevamente, recuerdo con precisión ese día, el olor, la escuela, la sangre, el momento, incluso el nombre de quien me empujó. Hoy en día, me miro en el espejo y aún puedo ver la pequeña cicatriz que me dejó esa experiencia.

Al crecer, ya no tuve más miedo a los recreos, tampoco a correr de nuevo, ni tampoco a personas que me podrían empujar sin razón.

El proceso de cicatrización tiene sus etapas:

· La sangre comenzará a coagularse al cabo de unos cuantos minutos y detendrá la hemorragia.

· Los coágulos de sangre se secan y forman una costra, lo cual protege de microbios el tejido que está por debajo.

· No todas las heridas sangran. Por ejemplo, las quemaduras, algunas heridas punzantes y las úlceras no sangran.

· Una vez que se forma la costra, el sistema inmunitario del cuerpo entra en acción para proteger la herida de infección.

Todos estos procesos llevan una intervención, sea en nuestros hogares con el cuidado de nuestros padres o de los profesionales de la salud, según sea el caso. El tamaño de nuestras cicatrices dependerá del tamaño de la herida, y dependiendo del lugar, puede ser visible o simplemente son tan pequeñas o están en lugares que difícilmente se notan.

Las cicatrices que guarda el corazón son similares a las de nuestro cuerpo. Muchas heridas internas las provocamos nosotros mismos, al relacionarnos con quienes sabemos que no debemos; otras, por el contrario, son producto de heridas provocadas generalmente por personas que amas, en quienes confiaste, a quienes les diste tu tiempo, con quienes compartiste años de tu vida. Cabe destacar que, además, las heridas pueden ser ocasionadas por personas con malas intenciones, perteneciendo o no a nuestro grupo cercano, y lo hacen con esa intención. Las heridas del alma son difíciles de cicatrizar, al igual que las heridas del cuerpo. En mi caso, la herida de mi lengua tardó mucho en sanar y el proceso fue más largo, porque la herida estaba dentro de la boca, en un sitio húmedo, a diferencia de otras heridas en el cuerpo expuesto que sanan más rápido. Así es la herida del corazón: tarda en sanar y debe tener un proceso que lleva tiempo, porque es una herida que se produce dentro, muy adentro.

No quiere decir que las heridas del alma y corazón no cicatricen; por supuesto que sí lo hacen, pero toma tiempo, y ese tiempo va a depender de muchos factores, como por ejemplo: quién hizo la herida, el cómo la hizo, cuán profunda fue y uno de los factores más importantes, a quién tienes a tu lado acompañándote a sanar. También, quien te ayude con las vendas, que esté allí a tu lado mientras te duele, quien te dé los medicamentos o te ayude en la rehabilitación. En muchos casos, en la etapa de recuperación, llegas a conocer realmente a los VERDADEROS AMIGOS; recibes también la ayuda de tus padres en muchos casos, otros a través de un líder, pastor o simplemente un buen samaritano que Dios envía a tu lado para sanar una herida específica, quien sirve como un enfermero especializado en esa herida que has recibido, porque definitivamente sanar SOLO es más complejo, toma más tiempo y la cicatriz tarda más en formarse. Cuando la herida la hizo una persona de quien jamás pensabas que la recibirías, no puedes esperar que esa persona venga a sanártela; es como querer pensar que quien provocó un incendio en tu casa regrese a apagarlo.

Una de las maneras más eficaces de acelerar el proceso de la cicatrización es perdonar a quien te hizo la herida. Sí, sé que estás pensando lo mismo que yo; no es fácil, créeme, lo sé, lo he vivido, es lo más complicado del mundo para nuestro corazón herido, pero si no lo haces, te tomará años sanar esa herida. La cicatrización no llegará al 100% efectivamente y arrastrarás hacia los tuyos amargura, desprecios, enojos y maltratos, mientras esperas la cicatrización. Perdonar es de valientes, pero te diré algo: el perdonar no es para liberar de responsabilidad a la otra persona que te hirió; se trata de despojarte del peso del dolor que cargas durante años, de la amargura de tu corazón, de ese veneno que te impide sanar.

Perdonar tampoco es para justificarle a esa persona el haberte herido, ni borrar de la noche a la mañana todo lo que sucedió como por arte de magia, porque seamos realistas: la herida sanará, pero quedará la cicatriz visible; así, de igual manera, el corazón que fue sanado le queda esa sensibilidad en la herida cuando se toca la cicatriz. En este punto, seamos honestos: cuando esa marca te la dejó alguien de quien menos esperaste, a quien amaste o quisiste mucho, por quien incluso hiciste tantas cosas, esa cicatriz te hace estar atento para que no se te olvide lo que sufriste, pero también se convierte en la prueba de cómo venciste el dolor y te levantaste, superando todas las adversidades que viviste. Estas heridas duelen más que las que te logran hacer personas que sabías que tenían malas intenciones contigo.

Hay especialistas que te ayudarán a cicatrizar tus heridas, pero las del alma y el corazón, Dios es el único médico por excelencia especialista en sanarlas. Dios, si es necesario, te mete en cuidados intensivos del corazón y permite que se forme la costra, para luego dejarte ver la cicatriz, no para vergüenza, sino para demostrarte que, aunque fuiste herido, más fuiste sanado; fuiste golpeado, más fuiste vendado; fuiste afligido, mas no derrotado; fuiste humillado, pero levantado; fuiste maltratado, pero curado; fuiste abusado, más fuiste abrazado, y en todo esto, DIOS jamás te dejó solo. Nuestro Padre dispone y levanta personas para que te restauren. Aunque quizás tú te provocaste la herida de alguna manera o simplemente no lo merecías, Dios permite que tu cicatriz sea visible, para demostrarte que estuvo a tu lado y que la herida no te destruyó, sino que, al contrario, llevas en tu alma y corazón registrada la marca del momento que sufriste, pero te recuperaste. Hoy te invito a que permitas a Dios sanar tus heridas el tiempo que sea necesario; te aseguro que, por muy dura que sea tu herida, sanará. Hay medicamentos que sanan las heridas del corazón, pero la PALABRA DE DIOS Y QUIENES TE AMAN son las medicinas del alma que Dios ha dispuesto en esta temporada para ti. Solo déjate sanar, abandónate en el amor de Dios y recuerda que cada cicatriz en ti grita que: “ERES UN VENCEDOR”.

About this Plan

CICATRICES

¿Alguna vez te han herido? ¿Alguna vez sufriste un accidente o una operación? ¿Tienes alguna cicatriz que te recuerda una herida? Muchos de nosotros tenemos marcas en nuestro cuerpo que nos recuerdan el dolor que un día sufrimos; asimismo, nuestra alma guarda cicatrices. Acompáñame durante estos próximos 3 días en este aprendizaje, que nos enseñará a no ocultarlas.

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