¡Cree!Sample

Garantía divina
“El que creyere en él, no será avergonzado”(1 Pedro 2:6).
Seguro, lo que se dice seguro… hay muy pocas cosas en esta vida, excepto —dicen algunos en satírica broma— los impuestos y la muerte. Hoy, incluso, tenemos lo que se ha llamado obsolescencia programada, que consiste en que un producto adquirido —una lavadora, una televisión, un frigorífico— tenga una caducidad señalada concretamente en el tiempo y cuidadosamente pensada por el fabricante. Compras cosas sabiendo que no durarán mucho. Desde la propia adquisición somos defraudados y aceptamos esto como parte de la realidad actual: un mundo que se sostiene sobre la base del consumismo más galopante. Las garantías traen el sello profético de la cesación.
Lo que trae verdadera pesadumbre no es lo dicho antes, sino que el espíritu de la caducidad se ha trasladado a todos los ámbitos de las relaciones humanas. Echemos un vistazo. “Hasta que la muerte los separe”, por ejemplo, no es más que una frase hecha, una vieja fórmula que suena bien en ceremonias nupciales, pero cuyo contenido colapsa demasiado a menudo, dando lugar al rompimiento de matrimonios que dejaron de querer luchar por mantener esa promesa. Amistades que no duran. La lealtad de vacaciones. El valor de la palabra dada es hoy un vetusto ideal. Ya nada dura; es el síndrome pandémico de la caducidad.
¿A dónde mirar entonces? ¿Es esta la realidad absoluta? Como Cioran, ¿hemos de caer en un pesimismo irredento al punto de creer que vivir es un inconveniente? La respuesta contundente es: ¡No! Si bien es cierto que en esta vida seremos vapuleados por la obsolescencia, que el modus operandi de este mundo es la deslealtad y la inconsistencia, todavía queda un asidero inconmovible: Dios. Puede parecer una respuesta facilista, pero en realidad es la conclusión a la que puede uno llegar cuando junta todas las pruebas. Dios no está sujeto a fechas límite, no tuerce jamás su fidelidad, no falsea su palabra, no incumple sus promesas. Por tanto, se le puede seguir con absolutas garantías.
Liberados del miedo a ser traicionados, podemos serenar el alma por fin. Jesús es seguro, confiable, inamovible. Como dijo Jim Elliot: “He leído la última página de la Biblia. Todo va a salir bien”. Estoy de acuerdo con él. Dios es mi garantía eterna. Aquel que permanece en él no tiene nada que temer. La sombría noche se convierte en feliz amanecer. La confusión se torna en certidumbre. La angustia se vuelve baile. La esperanza resurge ante la idea de un Dios que no falla. La vergüenza no existe más si estás en él.
Scripture
About this Plan

En un mundo marcado por la incertidumbre, la decepción y las promesas rotas, este plan devocional nos invita a descubrir una fe capaz de sostenernos en los momentos más oscuros, a mirar más allá de los límites de la lógica humana para reencontrarnos con un Dios que permanece fiel cuando todo parece desmoronarse. Exploraremos la lucha entre la confianza y el miedo, entre la fe parcial y la entrega absoluta. Es un llamado a abandonar la falsa seguridad de control y abrazar una confianza plena en Dios. Es un llamado a creer otra vez. Más profundo. Más allá.
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