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¡Cree!

DAY 1 OF 3

Fe, más allá

“Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:39, 40).

Marta y María habían mandado a llamar a Jesús a causa de su hermano Lázaro, quien estaba muy enfermo. Ellas creían que Jesús podía sanarlo, así que pusieron todas sus esperanzas en que el Señor llegaría a tiempo para evitar la muerte inminente que se dibujaba en el cuerpo debilitado de su hermano. Sin embargo, deliberadamente, Jesús llega días más tarde de lo esperado, concretamente cuatro días después del fallecimiento de Lázaro. Tanto Marta como María le reclaman a Jesús su falta de presteza: “Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21). “María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Juan 11:32).

El relato en el Evangelio de Juan continúa diciendo que Marta, al oír que Jesús mandó a quitar la piedra donde estaba Lázaro, se adelantó para aclararle a Jesús algo que quizás él no estaba contemplando y es que el hermano amado llevaba cuatro jornadas descomponiéndose, que toda aquella tumba olía a muerte y putrefacción. Quizás creyó que, por causa del doloroso evento, Jesús no se percataba del todo de lo que estaba pasando. Probablemente creyó que Jesús quería darle un último adiós a aquel amigo con el que compartió momentos entrañables, pero que no eran estas las formas más apropiadas. Lo que sí sabemos es que había creído que Jesús podía sanar a su hermano, pero en su cabeza no entraba la posibilidad de una resurrección in situ, ya que como había manifestado, ella creía en la resurrección postrera de los justos (Juan 11:24). La historia bíblica va in crescendo. La piedra fue movida, Jesús llama por su nombre al que había muerto y éste se levanta y sale a vista de todos por sus propios pies. Dios fue glorificado y la fe de Marta y María fue promovida a un escaño mayor que desconocían: Jesús podía vencer la enfermedad, pero también la muerte. ¡Aleluya!

No dejo de pensar que si me mirara en el espejo de Marta y María también me vería a mí. Creo que Dios puede proveer, pero con ciertos matices lógicos y probables. Creo que Dios puede sanar, pero con frecuencia oro por alguien pidiendo que Dios dé sabiduría a los médicos para curarle, en lugar de pedir un milagro inmediato y contundente. Creo que Dios me cuida, pero sigo subiendo a los aviones con cierta aprensión.

Entiendo que mi humanidad se resiste a comprender la inmensidad de ese Dios encarnado que lo puede todo y que quiere llevar mi espiritualidad a cuotas más elevadas de fe. No obstante, he de resistir todo intento de mi carne por domesticar mi confianza. Debo aprender a creer en lo imposible, sin límites, sin rodeos insulsos. Elijo no sabotear mi fe, confinándola a la rígida ley de las posibilidades que en algún momento prefabriqué. Tomo de forma literal las palabras de Jesús y creo, creo que veré en mis días lo imposible, creo que veré la gloria de Dios.

About this Plan

¡Cree!

En un mundo marcado por la incertidumbre, la decepción y las promesas rotas, este plan devocional nos invita a descubrir una fe capaz de sostenernos en los momentos más oscuros, a mirar más allá de los límites de la lógica humana para reencontrarnos con un Dios que permanece fiel cuando todo parece desmoronarse. Exploraremos la lucha entre la confianza y el miedo, entre la fe parcial y la entrega absoluta. Es un llamado a abandonar la falsa seguridad de control y abrazar una confianza plena en Dios. Es un llamado a creer otra vez. Más profundo. Más allá.

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