El valor de la corrección bíblica

Devocionales




A modo de conclusión


“Camino de vida es guardar la instrucción; pero quien desecha la reprensión, yerra”. Proverbios 10:17


El hombre sabio ama la instrucción y atiende a la reprensión. Se requiere de humildad para recibir la instrucción y la corrección con buena disposición y diligencia para aceptarla y aplicarla.


El hombre sabio desarrolla un corazón enseñable - corregible: con apertura y actitud humilde para recibir consejos, exhortaciones, amonestaciones y enseñanzas. 


A muchos no le gusta la instrucción y la reprensión a causa de su orgullo y altivez. Quien no recibe la corrección y amonestación se hace necio e insensato al menospreciar el consejo.  Por el contrario, como dice Proverbios 12:1: “El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante”. Dice también Proverbios 17:10: “La reprensión aprovecha al entendido, más que cien azotes al necio”.


La palabra instrucción usada en este pasaje es la palabra hebrea musár que significa advertencia, reconvención, consejo, castigo, disciplina, enseñanza e instrucción. Apunta a todo el proceso de disciplina con miras a formar el carácter. Aceptar ese proceso de disciplina deriva en andar en camino de vida y paz. 


Por otra parte, la palabra reprensión viene hebrea tokákjat que significa corrección, refutación, prueba, razonamiento, argumento, amonestación. Una palabra similar es usada en 2 Timoteo 3:16-17 (griego élenjos): “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.


La instrucción y la reprensión tienen como objetivo corregir y enseñar para que la persona sea instruida en justicia, y sea apartada de los malos caminos. Rehusar la instrucción y la reprensión representa un grave error que conduce a andar por malos caminos, y acarrea consecuencias negativas, tal como lo expresa Proverbios 5:12: “… ¡Cómo aborrecí el consejo, y mi corazón menospreció la reprensión; no oí la voz de los que me instruían, y a los que me enseñaban no incliné mi oído!  Casi en todo mal he estado, en medio de la sociedad y de la congregación”. 


La Biblia nos anima a ser prudentes y prontos en aceptar la reprensión. También nos exhorta a cultivar un espíritu humilde. El hombre humilde es más proclive a aceptar la reprensión y corrección que el altivo y soberbio. El soberbio y altivo toma el consejo y la corrección como un ataque o afrenta, no importa que haya sido dada con amor y tacto, porque su propia arrogancia le impide ver sus propios errores y reconocer la necesidad de instrucción y corrección.


Para los creyentes cristianos, la reprensión y corrección puede venir de diferentes fuentes: padres (Proverbios 1:8), líderes religiosos, como pastores y clérigos (Hebreos 13:17), hermanos en la fe (2 Tesalonicenses 3:15; 5:12; 5:14; Romanos 15:14), y fundamentalmente la Palabra de Dios y la acción del Espíritu Santo (2 Timo 3:16-17).