El valor de la corrección bíblica

Devocionales




El valor de la corrección divina


No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere. Proverbios 3:11-12


El hijo sabio acepta la corrección del padre; el insolente no hace caso de reprensiones. Proverbios 13:1


La corrección en este contexto tiene como objetivo proveer una disciplina formativa para provecho de la persona. El objetivo es alejar a la persona del mal comportamiento e instruirle en justicia. Apunta a todo el proceso de disciplina - educación con miras a generar formación-reformación.


“La palabra musar (castigar) significa corrección, disciplina e instrucción. La enseñanza es esencialmente necesaria para mostrarle al hombre la manera en que debe ir; la disciplina es necesaria para hacer que la enseñanza sea efectiva; y, a menudo, la corrección es necesaria para poner a la mente en sumisión, sin la cual no puede adquirir conocimiento “(Clarke).


No te fatigues de la corrección


Por eso el creyente no debe cansarse de la corrección de Dios. Ni te fatigues de su corrección. Cuando Dios trae o permite alguna adversidad o aflicción en la vida del creyente es por el bien de éste, y con una razón válida, cómo: exponer o revelar un pecado en la vida de la persona, mostrar la naturaleza de un problema y la necesidad de abordarlo, desalentar el mal comportamiento, e instruir en el buen camino. 


El objetivo de la disciplina es formar el carácter


Podemos decir que la corrección que Dios administra busca formar el carácter de la persona. Es una disciplina para educar más que simple castigo. “Disciplina involucra principalmente la enseñanza o el entrenamiento en lugar del castigo por las malas acciones. Es similar al entrenamiento militar, en el cual, aunque la amenaza de castigo está presente, incluso la disciplina severa, no es necesariamente retribución por ofensas. Las dificultades y la corrección están involucradas, sin embargo, siempre son difíciles de aceptar” (Garrett).


“La disciplina del Señor es como en una familia, no en una escuela, mucho menos en una prisión. El Señor corrige a sus hijos y no los trata como a criminales” (Bridges). Más bien los trata con amor. En ese sentido, la corrección de Dios es un acto y una señal de amor, como el de un padre a su hijo. Porque Jehová al que ama castiga. 


Dios como un padre amoroso nos corrige para tratar con nuestros pecados, debilidades y fallas, que tarde o temprano terminan siendo perjudiciales en nuestra vida. Así lo expresa la carta a los hebreos (Hebreos 13:6): El Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Un padre que realmente ama a sus hijos los corregirá adecuadamente. Para un padre dejar los pecados y fallas sin corregir no es un signo de amor; es un signo de descuido y de la indiferencia egoísta que a menudo acompaña al descuido.