Caminando Juntos: Hombres Y Mujeres Construyendo en UnidadSample

DIOS EN TRES PERSONAS: EL EJEMPLO DE UNIDAD PERFECTA
Si queremos un ejemplo de unidad perfecta, no solo Jesús nos lo mostró e incluso lo verbalizó en sus últimos tiempos entre nosotros, sino que tenemos que irnos, como Él mismo explica, a antes de la creación del mundo para encontrar algunas de las claves que más acierto pueden proporcionarnos para funcionar como Dios quiere de nosotros, (¡también como hombres y mujeres!).
¡Hablo nada menos que de la Trinidad!
Normalmente apelamos a la Creación para entender mejor nuestro origen, vocación y propósito. Esto es absolutamente correcto, necesario, y en ello nos detendremos también más adelante.
Sin embargo, algunas de las claves son incluso anteriores: están en Dios mismo, y nos iluminan el camino de forma increíble, ayudándonos a resolver parte de las incomprensiones entre nosotros, hombres y mujeres, y también denominacionales (si estamos dispuestos a reflexionar juntos).
En tomar suficiente perspectiva puede estar la clave para sobrevolar nuestras controversias. Para eso no podemos quedarnos en «árboles» –o textos– aislados, sino que debemos considerar la inmensidad del «bosque» –Biblia– al completo, en la medida que sea posible.
En Dios, su persona, carácter y forma de relacionarse en sí mismo están la imagen y semejanza que hemos recibido hombres y mujeres. ¡Eso lo cambia todo!
Tenemos la imagen y semejanza de un Dios en tres personas que dijo:
Hagamos al hombre (*) a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.
[(*) Nota mía: hombre = ser humano].
¡Qué importante es ese plural! ¡No podemos ignorarlo! Y sigue diciendo:
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Otra pluralidad que, conectada con la anterior, no puede ser ignorada, sino explorada. Fíjate:
Un solo Dios, en tres personas distintas, con funciones diferentes. Sin jerarquía en su naturaleza, pero con una sujeción mutua constante, en una unidad operativa perfecta.
¿No nos resulta más que inspirador a nosotros como seres humanos, hechos a Su imagen y semejanza, varón y hembra, llamados a una misión común, funcionando como uno solo, a pesar de las diferencias?
Llamaré a este modelo precioso que vemos en la Trinidad, si me lo permiten, “igualdad complementaria”.
Como hombres y mujeres, no tenemos que elegir entre si somos iguales o diferentes. ¡Ambas son verdad, pudiendo y debiendo, sospecho, caminar juntos en esa maravillosa “igualdad complementaria” que vemos en Dios mismo!
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Quizás, como yo, notas el «atasco» en las eternas controversias «hombre-mujer» en el mundo evangélico. Separación entre géneros, matrimonios, denominaciones, iglesias… ¡y el mundo perdiéndose la belleza de Cristo a través de la unidad y el amor entre nosotros! ¿Podemos sobrevolar la confrontación siendo fieles al texto y recordando que no hay una única lectura teológica sobre el asunto? ¿Qué pistas nos da la panorámica bíblica completa –y no segmentada–, para resolver nuestras diferencias de forma madura y que refleje el evangelio? Te invito a empezar a reflexionarlo conmigo en este plan devocional.
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