[Serie Máximo Gozo] El fruto de la comunión

Day 1 of 8 • This day’s reading

Devotional

El cáncer del pecado 


En esta serie de devocionales, hemos estado estudiando el libro del Nuevo Testamento, 1 Juan. Es una carta escrita por el apóstol Juan a la iglesia. Al leer y examinar cuidadosamente esta carta, podemos entender que, como cristianos, podemos estar seguros de nuestra salvación y posición ante Dios. Hemos sido perdonados de nuestros pecados y justificados por la sangre de Jesús.


Sin embargo, la relación que tenemos con nuestro Padre Celestial puede ser una de gozo al máximo en comunión, o no. Esto significa que hay barreras que nos pueden impedir disfrutar y tener una relación cercana e íntima con Dios. Las principales barreras que Juan nos ha presentado son: nuestros pecados, nuestros problemas relacionales con nuestros hermanos y hermanas; y nuestros enemigos: el mundo y el diablo.


En este plan devocional, Juan desarrollará aún más su explicación sobre las potenciales barreras que pueden dificultar nuestra comunión con Dios. Así como una pequeña mancha de sangre coagulada puede obstruir las arterias del corazón y hacer que mueras, un pequeño pecado en tu vida del cual eres consciente, puede robarte tu vitalidad espiritual y dificultar tu comunión con Dios. No te robará el cielo, pero puede robarte la vida plena y abundante que Jesús quiere que tengas en la tierra. Y eso es lo que Juan está tratando de evitar en este punto de su carta.


Juan nos advierte con respecto al carácter del pecado (3:4): todo pecado es maldad, esa es la naturaleza misma del pecado en sí (DHH). No hay niveles o grados de pecado. El pecado es pecado. Nos acecha detrás de "el placer del pecado" con su veneno fatal. A veces, como el pecado parece inevitable para los seres humanos, nos gusta alivianarlo, aclararlo, perdonarlo. Juan lo deja muy claro: el pecado es simplemente malvado.


Después de la advertencia, Juan se ocupa de la cancelación del pecado (3:5). Jesús vino a la tierra para quitar nuestros pecados, y en Él no hay pecado. Por esta razón, también debemos desear estar limpios en nuestro diario caminar. El pecado consciente en el creyente es incongruente con el propósito de Cristo y la pureza de Cristo. Jesús es puro y vive dentro de nosotros. Permanecer limpios debe ser una prioridad en nuestras vidas porque el pecado consciente en la vida de un creyente es una contradicción.


Si permaneces en Jesús (3:6), el pecado no es una opción para ti. Simplemente no puedes tener comunión con Él y también pecar, así como la luz no tiene relación con la oscuridad. No puedes tener ambos al mismo tiempo; una es la ausencia de la otra. Si eres cristiano en una relación cercana con Jesús, quieres que el pecado salga de tu vida. Es una contradicción reclamar comunión con Dios y pecar continuamente sin remordimiento, confesión o arrepentimiento.


Juan nos llama a la sobriedad con una biopsia del tumor maligno del pecado, pero también nos recuerda que nuestro Salvador vino a este mundo para quitar el pecado. ¡Caminemos y permanezcamos en Jesús, libres del pecado y experimentando gozo al máximo!