El poder de la palabra de Dios para transformar vidas

Devocional

La actitud correcta para experimentar el poder de la palabra de Dios en nuestras vidas es la mansedumbre a la palabra de Dios

Al leer el primer capítulo de Santiago, impacta la frase “recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1:21). Este es un llamado a reconocer la suficiencia y absoluta autoridad de la palabra de Dios. Por lo tanto, la única actitud aceptable delante de Dios es recibir su palabra con mansedumbre, atesorándola y amándola, lo cual se traduce necesariamente en “ser hacedor de ella, y no tan sólo oidor…” (Santiago 1:22). 

Recibid enfatiza una recepción pronta y deliberada de lo que se ofrece. En este contexto, la mansedumbre es una actitud de sometimiento – sin cuestionamiento ni resistencia – a la autoridad de Dios expresada en su palabra; esto refleja una actitud humilde que no lucha ni resiste a Dios ni a su palabra. 

Recibid con mansedumbre enfatiza la importancia de tener un corazón enseñable y dócil hacia Dios y su palabra. Esto implica dejar a un lado las posturas e ideas preconcebidas de la vida antes de Cristo para estar abiertos al trabajo de Dios a través de su palabra, para dar forma a nuestra vida; para enseñarnos, instruirnos, corregirnos y amonestarnos.

Una actitud de mansedumbre ante la palabra implantada se debe traducir en obediencia a los principios, mandamientos y estatutos contenidos en ella. La actitud de mansedumbre también debe reflejar la buena disposición a aceptar con dulzura y apacibilidad la voluntad de Dios para nuestras vidas expresada en su palabra. No se trata de obediencia a ciegas ni a regañadientes, sino de aceptación voluntaria, responsable y gozosa reflejo de una profunda convicción y fe en la integridad, confiabilidad, veracidad, infalibilidad e inerrabilidad de la palabra de Dios.