El poder de la palabra de Dios para transformar vidas

Devocional

Hacedores, no solo oidores de la palabra

Una condición para activar el poder de la palabra de Dios en nuestras vidas es ser hacedor y no sólo oidor de ella.

El pasaje de Santiago 1:22-25 pone de manifiesto el valor práctico de la fe. Muchos creyentes se convierten tan sólo en oidores de la palabra. Aun pueden llegar a ser doctos en ella, pero eso no los hace creyentes espirituales ni hombres o mujeres de fe. Acertadamente, dice un pensamiento anónimo: “Más sabe un campesino de la Biblia, que el más erudito eclesiástico que la ignora”. Los fariseos y saduceos del tiempo de Jesús, ilustran esta verdad. Ellos eran doctores en la ley y la palabra de Dios, pero estaban muy lejos de vivir conforme a ella. 

Este pasaje enfatiza la experiencia antes que la doctrina, lo cual no niega el valor de conocer doctrina bíblica (conocer los preceptos y mandamientos de la Biblia), sino el hecho de que saber de la Biblia no es un fin en sí mismo. La fe genuina es una fe práctica (Santiago 2:14-25). 

El problema es que, en muchos de nosotros, hay una discrepancia - un gran abismo – entre nuestra teología y nuestra experiencia, entre lo que sabemos de la palabra de Dios y lo que practicamos. Y, es precisamente la puesta en práctica de la palabra de Dios, lo que activa la fe en nosotros; y es también la aplicación de la palabra de Dios, la que crea el estado de bienaventuranza en nuestras vidas: "Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace".

La recepción y aceptación sola de la palabra no basta, la palabra injertada (implantada) no es suficiente, sino que esta demanda que sea puesta en práctica (Santiago 1:21-22).   

La fe práctica no es otra cosa que obediencia a la palabra de Dios. La fe obra (se demuestra) por la obediencia.