El poder de la palabra de Dios para transformar vidas

Devocional

Fe es actuar sobre lo que la palabra de Dios dice

Jeremías 1:12 dice “…yo apresuro mi palabra para ponerla por obra”. En el hebreo original quiere decir “yo tengo en cuenta, sostengo, respaldo, protejo mi palabra para que se cumpla”. Lo que hace poderosa a la palabra de Dios no es solamente el texto de ella en sí mismo, sino que detrás de ella está Dios mismo velando porque su palabra se cumpla. Dios se ha insuflado en su palabra. Por eso es que la palabra de Dios es “espíritu y vida” (Juan 6:63).

Dios está detrás de su palabra, y esa es la garantía de que su palabra se cumple; eso es lo que hace que la palabra de Dios sea ciento por ciento infalible (nunca falla) e inerrable (nunca se equivoca).

El tamaño de nuestra fe es proporcional a cuánto mora la palabra de Dios en nuestras vidas, porque fe es creer en lo que Dios dice en su palabra. Nuestra fe necesita estar basada en la palabra de Dios, en lo que ella dice, valga aclarar, en sus preceptos, promesas y doctrinas.

La fe se fortalece con el conocimiento de la Palabra de Dios. Esto no consiste en un mero conocimiento intelectual, sino en la palabra de Dios que es injertada en nuestros corazones, que reside en nuestras vidas de tal manera que ella pasa a ser nuestra misma vida.

Por eso el Señor Jesús dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). Permanecer viene del griego méno que significa morar, retener, quedarse permanentemente en un lugar, estado o relación. Nuestra fe crece en proporción a cuánto abunda – mora la palabra de Dios en nuestras vidas –. Será (la palabra de Dios) un principio activo que impulsará nuestras vidas por caminos de fe.

Cuando nuestra fe está basada en la Biblia y no en emociones, evidencias, señales, experiencias, nuestra fe es inmutable, inconmovible, poderosa y sobrenatural, explosiva y expansiva.