El poder de la palabra de Dios para transformar vidas

Devocional

El poder sobrenatural de la palabra de Dios para moldear y transformar

La Biblia no es sólo un libro de religión, filosofía o moralidad. La palabra de Dios es el verbo creativo de Dios. 

¿Qué ocurre cuando la palabra de Dios mora, es retenida, reside en nuestros corazones? 

Ella desnuda el alma humana y alumbra el entendimiento del hombre, al traer la verdad a la vida de aquel que se abre a ella. Así lo expresa el libro de  Hebreos 4:12,13: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón…”.

La palabra de Dios es el bisturí de Dios. Las verdades y principios de la palabra de Dios llegan adonde no puede acceder ningún bisturí de cirujano: al alma, al espíritu, a las emociones, a los pensamientos (creencias, mapas), a la misma esencia de nuestro ser, de donde surgen las actitudes y comportamientos. Y Dios utiliza sus verdades reveladas en su palabra para moldearnos, limpiarnos y madurarnos en nuestro caminar de fe con Él. Esto es así porque la palabra de Dios no se mueve sola, sino que va acompañada de la presencia de Dios.        

La Biblia es el manual de construcción de Dios para formar el carácter, la fe y transformar la vida de los hombres. Dios utiliza su palabra para enseñarnos, instruirnos, exhortarnos y cambiarnos. Así lo declara la misma palabra de Dios: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2Timoteo 3:16,17). De allí, la importancia de alimentarnos y llenarnos con ella a diario si queremos crecer, ser transformados y madurar en la vida de fe, tal como lo recomienda el Apóstol San Pablo: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría…” (Colosenses 3:16).