No hay lugar más alto

Devocionales

Cuán grande eres mi amado Cristo


No hay lugar más alto 


Más grande 


Que estar a tus pies 


Tu grandeza supera toda concepción humana, tu poder va más allá de todo entendimiento. Tu obra es completa, pues no quedó nada pendiente. Tu sacrificio fue suficiente. Ahora, nos queda vivir haciendo tu perfecta voluntad, mi amado Cristo. Pues es la única voluntad agradable y perfecta, para cada uno de los que creen. 


Voluntad que nos has dado a conocer por medio de tu Palabra, para que la llevemos a cabo con entendimiento, sabiduría y compromiso. Conocerla es nuestra responsabilidad. Tu voluntad revelada con dedicación y certeza. Tu voluntad iluminada a nuestras mentes y espíritus. Tu voluntad, Padre, como prioridad en nuestras vidas. Tu voluntad manifestada en la tierra por medio de tus hijos a quienes con tanto amor perdonaste, y con tanto amor redimiste. Pagaste precio alto, tu propio hijo, mi amado.


Qué hermoso estar a tus pies, entendiendo lo que significa. Qué desafiante estar a tus pies, entendiendo mi privilegio. Qué poderoso es estar a tus pies, cuando valoro el precio pagado por mí. Tu gracia no es gratis, te costó tu hijo amado, Padre. Pero nos la diste con infinito amor para que la valoremos y la disfrutemos haciendo tu perfecta voluntad, sin que a nosotros nos cueste nada, aunque tú pagaste caro.


A tus pies, tengo la sencillez de ver tu grandeza. A tus pies, tengo la humildad de valorar la redención. A tus pies, puedo ver tu generosidad total. A tus pies, sigo tu guía escrita para tus hijos. A tus pies, entrego mis pensamientos para que tú les des forma, para que tus pensamientos sean los que estén en mí. Me diste Padre, la mente de Cristo, para que no tuviera excusas. Para que a tus pies entendiera tus pensamientos. Para que a tus pies entendiera que se trata de Cristo. Pues a tus pies me dispongo a tus enseñanzas, me dispongo a tu Palabra. Me postro totalmente para que tú seas leído en mí.


Cristo fue obediente, hasta la muerte, y muerte de cruz. El cuerpo de Cristo hoy en la tierra, debe seguir en esa misma actitud. Actitud de obediencia, actitud de servicio, actitud de entrega. Valorando a cada uno como a sí mismo. Aprendiendo a discernir el cuerpo de Cristo, no hablando mal de hermanos, pensando todo lo bueno, amando aún a los enemigos. Actitud de unidad con el Padre, y de unidad entre hermanos, pues somos un solo cuerpo. Porque no se trata de posiciones humanas, se trata de la posición divina escrita para que nosotros, sus hijos, lo manifestemos sin demora.