No hay lugar más alto

Devocionales

Tú eres mi lugar seguro, Cristo


Es el lugar, de mi seguridad 


Donde nadie, me puede señalar 


Cuando las circunstancias de la vida me agobian, y pienso: ¿qué debo hacer para salir victorioso? Entonces viene a mi mente, la victoria que Cristo me dio. ¡Derrotó al enemigo y lo exhibió públicamente! ¡Me hizo más que vencedor! En Cristo estoy seguro. Nada puede cambiar esa realidad en mi vida. Pues mayor es el que vive en mí, que el que está en el mundo.


Nada de lo que viva en esta tierra, podrá cambiar la realidad que fui constituido templo vivo del Espíritu Santo de Dios. Porque Dios ya no quería templos hechos con manos humanas, sino su diseño y su hechura, sus hijos. Cristo cumplió su promesa: Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador, y estará en ustedes todos los días hasta el fin del mundo. ¿Acaso puede existir otra seguridad mayor a esta? En Hechos capítulo 2, se hizo realidad. Y lo que hasta entonces había sido privilegio de unos pocos, en quienes el Espíritu Santo se posaba temporalmente o los rodeaba mientras cumplían lo encomendado por Dios, ahora está de manera permanente en los hijos.


En el antiguo pacto unos pocos hombres tuvieron este privilegio, en el nuevo pacto, todos los hijos tenemos al Espíritu Santo de manera permanente, todos los días, hasta el fin del mundo. Nunca nos dejará, por ningún motivo, porque si el Espíritu Santo me hizo su templo vivo, es porque soy hijo de Dios y la naturaleza pecaminosa ya no me gobierna. Debo seguir creciendo en el conocimiento de la Palabra, para que no permanezca como niño, sino que como hombre maduro, cumpla los planes diseñados por el Padre para que los lleve a cabo aquí en la tierra, planes que se encuentran dentro de su precioso propósito eterno.


¿Algo puede darme mayor seguridad, que ser hijo de Dios? ¿Acaso el Espíritu de Dios no da testimonio a mi espíritu que soy hijo de Dios? Templos vivos. ¡Ya no somos nuestros! ¡Le pertenecemos! Nunca hubiera imaginado, ni en mis momentos más creativos, que El Espíritu Santo viniera a vivir en mí. Gracias a Dios que no se trata de mis ideas, imaginación y creatividad, sino de su propósito eterno. 


Cristo, te alabo porque eres el Hijo de Dios, quien se hizo el sacrificio perfecto por nuestros pecados. Cristo, te adoro por tu poder tan grande al crear todo y sostenerlo para que subsista. Cristo, te amo por ser mi lugar seguro en medio de este mundo temporal y me haces partícipe de la eternidad.