No hay lugar más alto

Devocionales

Tu perdón, mi transformación


Me perdonaste, 


Me acercaste a tu presencia 


¡Oh mi Cristo! Solamente tu amor hizo posible esta intervención eterna del perdón para una transformación total. Estaba muerto, mi espíritu no tenía vida. Mi espíritu estaba engañado con el sistema de este mundo, que me envolvió en ignorancia y mentiras, haciéndome creer que no necesitaba de Dios, y aún que Dios no existía. Mi mente pensaba que se trataba de mi esfuerzo personal, de mis logros académicos, laborales o familiares. Mi corazón aseguraba que se trataba de ser amado y aceptado por otro ser humano. Me sentía autosuficiente, me creía superior, me convencía que se trataba de mí. Que el mundo giraba a mi alrededor y aún que Dios estaba a mi servicio, haciendo lo que yo quería o necesitaba. ¡Qué iluso!


Pero, cuando escuché sobre Cristo. Todo este pensamiento cambió. ¡Ya no se trataba de mí! ¡Se trataba de Cristo! ¡Se trata de Cristo! ¡Es sobre Él! Mientras estaba centrado en mí, no daba lugar a lo que el Padre había hecho a mi favor. Porque mi creador y diseñador, sabe para qué estoy en la tierra. Él me trajo a existencia. Él me dio vida. Él me traslado de las tinieblas del sistema de este mundo al maravilloso reino de su amado hijo con un propósito. ¿Cómo pude pensar que las tinieblas de este mundo eran mejor al reino de Cristo? ¿Cómo puedo todavía considerar que mis ideas son mejor que las de Cristo?


Él se hizo hombre, Él se hizo sacrificio para perdón de mi pecado, Él murió y resucitó, Él subió a los cielos y se sentó a la diestra del Padre en los lugares celestiales. Él consumó su misión aquí en la tierra. Él lo hizo a nuestro favor. Él hizo posible que cada uno de los hijos de Dios, formásemos parte de su cuerpo y nos dejó en la tierra con un propósito. El propósito eterno, su propósito. Del cual formamos parte activa y real cada uno de los hijos de Dios.


Gracias por tu perdón, gracias por tanta generosidad. Gracias por tanto amor. Gracias por tu entrega completa hasta el punto de hacerte hombre. Gracias mi Cristo por acercarme a tu presencia, al punto que estás dentro de mí. ¿Existe acaso algo más cercano? Y permaneces en mí, porque tú lo prometiste, todos los días hasta el fin del mundo.