Caminando Juntos: Hombres Y Mujeres Construyendo en UnidadMuestra

DE GRACIA RECIBISTEIS, DAD DE GRACIA.
Cuando un propietario hace un contrato de alquiler a un inquilino, este segundo responderá responsablemente por lo que suceda a la casa. Recibe instrucciones y condiciones para usar y gestionar la propiedad, y se espera de él que actúe en consecuencia, porque es el titular.
Si subarrendara por su cuenta una parte de la propiedad a un tercero –algo inapropiado, por cierto, porque se atribuye funciones que no le corresponden–, el propietario o las autoridades, llegado el momento, solo pedirían responsabilidad al titular del contrato de alquiler y no al subarrendado, ¿cierto?
El “incidente” con Ananías y Safira nos deja claro que el “contrato de mayordomía”, por muy matrimonio que fueran, hombre uno y mujer otra, no era subarriendo para ella y contrato de titularidad para él (o solo a Ananías se le hubieran pedido responsabilidades).
Ambos eran confirmantes y de los dos se demanda pago por sus acciones. Esto aplica a cada hombre y mujer desde el Edén.
Entender esto es fundamental, creo, para poder caminar y construir juntos en la unidad complementaria que, a imagen y semejanza del Dios trino, hemos recibido.
La imagen arroja luz, sospecho, como lo hace también la parábola de los dos deudores:
Si recibimos el regalo de la gracia, que en el caso del varón en la creación consistió desde el inicio en formar parte del “equipo de Dios” para gobernar Su creación como titular de un contrato de mayordomía, y así parece que sucedió también con la mujer, de forma que la entendemos como cotitular (y no subarrendada) del encargo de gobernar la tierra, ¿qué ha sucedido por el camino para que ese encargo conjunto quede reducido a una relación contractual en la que, supuestamente, solo a él se le pedirán cuentas “al ser el líder por su naturaleza masculina”?
¿Coincide esto con lo que la Palabra en su totalidad –no solo por algunos textos sueltos– nos muestra?
¿Estará quien recibió de gracia en primer lugar (el varón) limitando la gracia de su compañera y pareciéndose al mal deudor de la parábola?
Estoy convencida de que lo que ha sucedido por el camino y lo torció todo se llama “caída”, pero al principio no fue así.
Tenemos mucho que perdonarnos mutuamente, y necesitamos volver al Edén, pero desde la mirada de las Escrituras completas, para seguir entendiendo de qué formas podemos construir juntos, sobrevolando controversias, para gloria de Dios.
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Acerca de este Plan

Quizás, como yo, notas el «atasco» en las eternas controversias «hombre-mujer» en el mundo evangélico. Separación entre géneros, matrimonios, denominaciones, iglesias… ¡y el mundo perdiéndose la belleza de Cristo a través de la unidad y el amor entre nosotros! ¿Podemos sobrevolar la confrontación siendo fieles al texto y recordando que no hay una única lectura teológica sobre el asunto? ¿Qué pistas nos da la panorámica bíblica completa –y no segmentada–, para resolver nuestras diferencias de forma madura y que refleje el evangelio? Te invito a empezar a reflexionarlo conmigo en este plan devocional.
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Nos gustaría agradecer a Lidia Martín por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: linktr.ee/LIDIAMARTINPSICOLOGA