Caminando Juntos: Hombres Y Mujeres Construyendo en UnidadMuestra

LAS CUESTIONES DE ORDEN EN LA UNIDAD
El día anterior dejamos mínimamente orientada la reflexión acerca del suceso con Ananías y Safira, y cómo ese episodio que pocas veces se nos ocurriría ligar con las cuestiones del Edén arroja, sin embargo, luz sobre lo que nos interesa especialmente en este plan: cómo nos llama Dios a hombres y mujeres para caminar y construir juntos en unidad, a Su imagen y semejanza.
Este matrimonio resulta para nosotros en un claro ejemplo de lo que una colaboración entre hombre y mujer NO DEBE ser, por mucha unidad que tuvieran entre ellos. No puede faltarnos el criterio máximo al que nos debemos: solo Dios es el capitán de nuestro equipo, y le debemos la honra que es Suya.
Ahora bien, este relato de Ananías y Safira nos trae una luz añadida sobre la cuestión que nos ocupa entre hombres y mujeres dentro del matrimonio: ¿debe o no debe la mujer, por serlo, acometer, aceptar y desarrollar lo que su marido establezca, incluso aunque esté equivocado, para “honrar el orden instituido por Dios en términos de liderazgo para el hombre”?
Para mí, este texto lo deja claro: la única forma en que Safira hubiera podido salvar su vida hubiera sido desmarcarse de lo convenido con su marido. Sin embargo, no lo hizo y cayó fulminada. ¿Es este un llamado de mi parte a las mujeres a ir por libre? ¡En ningún caso!
Se trata de tener claro, en integridad individual, quién lidera verdaderamente el equipo (Dios mismo) y actuar responsablemente ante Él como tales, llamándonos al orden mutuamente cuando es necesario, sea cual sea nuestro género.
¿Iguales o diferentes? ¿Juntos o separados? Creo que lo uno y lo otro, cuando toca, y delante del Señor, principalmente. Esa es la clave.
Pablo, en su llamamiento a los Corintios para recuperar la unidad perdida, vuelve a apelar a que las diferencias son a menudo interpretadas erróneamente por las personas. Aquellos creyentes se debatían entre Pablo y Apolos, cuando realmente (y solo) se trataba de Cristo.
Las divisiones son muestra de inmadurez y criterios humanos, dice él. El divino, por otro lado, es bien distinto: da igual quién llega primero, o qué función realiza, sembrar o regar, cimentar o construir, porque es Dios quien da el crecimiento y quien avanza el edificio.
Esto no solo pasa en la iglesia como cuerpo, me temo, sino en la unidad que deberíamos formar hombres y mujeres también, que a la vez somos iglesia.
Escritura
Acerca de este Plan

Quizás, como yo, notas el «atasco» en las eternas controversias «hombre-mujer» en el mundo evangélico. Separación entre géneros, matrimonios, denominaciones, iglesias… ¡y el mundo perdiéndose la belleza de Cristo a través de la unidad y el amor entre nosotros! ¿Podemos sobrevolar la confrontación siendo fieles al texto y recordando que no hay una única lectura teológica sobre el asunto? ¿Qué pistas nos da la panorámica bíblica completa –y no segmentada–, para resolver nuestras diferencias de forma madura y que refleje el evangelio? Te invito a empezar a reflexionarlo conmigo en este plan devocional.
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Nos gustaría agradecer a Lidia Martín por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: linktr.ee/LIDIAMARTINPSICOLOGA