Caminando Juntos: Hombres Y Mujeres Construyendo en UnidadMuestra

¿LLAMADO A LIDERAR O LLAMADOS A LIDERAR?
Quizá pienses, al haber leído el texto propuesto de Hechos después de Génesis, que me he equivocado de pasaje. Sin embargo, buscando respuestas como estamos, y atendiendo al mensaje bíblico en su totalidad, encuentro mucha luz en estos versículos sobre Ananías y Safira para el asunto que nos ocupa aquí: nuestro «CONTRATO CONJUNTO DE MAYORDOMÍA» por parte del Creador a hombres y mujeres.
Muchos sostienen que el hecho de haber sido creado primero pone en manos del varón ese encargo que, "de acuerdo, será compartido, pero en que él debe liderar y ella someterse". Creo sin embargo (y no tenemos todo el espacio para desarrollarlo aquí) que los desequilibrios en cuanto al desarrollo de ese encargo son producto de la caída, y no de la creación.
Vuelvo para argumentarlo a la Trinidad, como hemos venido haciendo, porque a menudo confundimos el momento «acción» (que es uno en que quien actúa, en cierta forma, está «liderando» puntualmente, como quien lleva el balón en un partido), con una cuestión de absolutos ligada al género que no termino de ver en la Escritura.
Entraremos en otros planes en pasajes difíciles, pero valgámonos, de momento, de la imagen trinitaria y de metáfora del contrato para entenderlo mejor.
Vemos al Dios trino iniciando diferentes acciones desde cada persona según convenga y las funciones diferentes de cada cual: por ejemplo, Dios envía al Hijo (Juan 3:16), éste obedece (Juan 6:38), y el Espíritu lo concibe (Lucas 1:35); o el Hijo es bautizado, el Espíritu Santo desciende sobre Jesús, y el Padre habla desde el cielo (Lucas 3:22).
Cada uno de ellos “lidera” cierta acción desde quién es y lo que hace diferencialmente. Funcionan como un equipo perfecto, y se turnan en la ejecución de acciones distintas en una sujeción mutua ideal.
Así quizá debería ser entre nosotros y nosotras, y tendríamos que reconocer que, en la práctica, nos estamos “liderando” mutuamente en diferentes aspectos, más allá de lo que se define como “liderazgo masculino” de forma tradicional.
Se nos capacitó de forma diferente e increíble para colaborar, juntos y a la misma altura y responsabilidad, con Dios como capitán único del equipo que formamos.
Cuando Ananías y Safira pecan (y abundaremos más el próximo día), los apóstoles y el Espíritu a través de ellos no le piden solo a él explicaciones (porque fuera el líder, supuestamente), sino que a ambos se les reclama responsabilidad y tienen idéntico castigo. Eran beneficiarios de ese contrato de gobierno, gestión o mayordomía sobre lo que les fue dado, y que ambos recibieron en igualdad de condiciones.
Quizá esto da que pensar... y nos invita a seguir reflexionando.
Acerca de este Plan

Quizás, como yo, notas el «atasco» en las eternas controversias «hombre-mujer» en el mundo evangélico. Separación entre géneros, matrimonios, denominaciones, iglesias… ¡y el mundo perdiéndose la belleza de Cristo a través de la unidad y el amor entre nosotros! ¿Podemos sobrevolar la confrontación siendo fieles al texto y recordando que no hay una única lectura teológica sobre el asunto? ¿Qué pistas nos da la panorámica bíblica completa –y no segmentada–, para resolver nuestras diferencias de forma madura y que refleje el evangelio? Te invito a empezar a reflexionarlo conmigo en este plan devocional.
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Nos gustaría agradecer a Lidia Martín por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: linktr.ee/LIDIAMARTINPSICOLOGA