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Día 5: Coronas que se vuelven ofrendas
En las culturas antiguas, arrojar una corona a los pies de un rey era el máximo símbolo de reconocimiento de una autoridad superior. Nosotros también llevamos nuestras propias "coronas": logros, títulos, reputación o aquello en lo que depositamos nuestra identidad. Sin embargo, el acto de arrojar estas coronas ante Dios es el reconocimiento final de que nada de lo que tenemos nos pertenece; todo viene de Él y todo es para Él.
Adorar desde la intimidad es reconocer que Él es la fuente de todo. Esta perspectiva nos libera, pues ya no debemos afanarnos por suplir nuestras necesidades o luchar solo en nuestras fuerzas; entendemos que Él es nuestro proveedor y que cada bendición en nuestra vida es fruto de Su gracia. No arrojamos nuestras coronas por obligación, sino porque hemos descubierto que estar a sus pies es un honor mucho mayor que llevar cualquier corona propia. Que tu comunión hoy sea de total desprendimiento, reconociendo que tenerlo a Él es, en realidad, tenerlo todo.
Preguntas de reflexión: ¿Qué éxito o área de tu vida te ha costado rendir últimamente? ¿Cómo cambiaría tu paz hoy si reconocieras que Él es quien sostiene esa "corona"?
Oración guiada: Padre, gracias por ser un Dios tan grande y, a la vez, tan cercano. Hoy arrojo mi orgullo, mis logros y mis planes ante Ti. Reconozco que Tú eres la fuente de todo lo bueno en mí. Tú eres mi Dios. Amén.
About this Plan

¿Alguna vez te has detenido a pensar que el Dios eterno, el Alfa y la Omega, desea que lo llames “mío”? En este plan de 5 días, descubriremos que la majestuosidad de Dios no es una distancia, sino una invitación a la intimidad. Aprenderás a reconocer su magnificencia y a vivir consciente de su presencia constante en tu vida diaria.
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