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¡Arriésgate!

DAY 1 OF 3

ARRIÉSGATE A ORAR

“Aconteció que, acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno. Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Lucas 18:35-38).

Jesús ministra en lugares poco convencionales. Allí, en las afueras de Jericó, fue donde aquel viajero —sobre el que Jesús construye la parábola del buen samaritano— fue atacado por ladrones. Ahora, en ese mismo escenario marginal, un hombre ciego de nacimiento oye que el Maestro está pasando y no pierde la oportunidad de gritar con todas sus fuerzas, pidiéndole misericordia. De hecho, llama a Jesús por su título mesiánico, algo que Pedro haría más tarde por revelación del Espíritu, pero que este mendigo ciego se atreve a hacer primero.

Bartimeo, así se llamaba aquel invidente, probablemente contrajo oftalmía neonatal, una infección ocular grave que el recién nacido puede adquirir al pasar por el canal del parto, especialmente si la madre padece gonorrea o clamidia. Hoy se combate fácilmente con medicina, pero en aquel tiempo dejaba ciego al bebé de por vida. Además, la ceguera era considerada una maldición generacional. Quien la sufría quedaba condenado a la mendicidad, a la indigencia.

A pesar de todo esto en su contra, Bartimeo se atreve a llamar a Jesús alzando la voz. Su grito incomoda a algunos, que le exigen que se calle, pero él insiste, dejándonos una lección que atraviesa los siglos: cuando te atreves a hacer algo que otros no están haciendo, te juzgarán sin piedad; intentarán silenciar tu sueño, bloquear tu proyecto y desestimar tus anhelos. Sin embargo, no hay ninguna razón para detenerse. Sigue orando, sigue creyendo, sigue gritando. Esto no se trata de la multitud, sino de Dios y de ti. Él lo ve todo de otra manera; su perspectiva es la correcta, y con Jesús, lo que es imposible para los hombres es perfectamente posible para Él.

La desventurada historia de Bartimeo termina en triunfo. El ciego ahora ve y sigue a Jesús en el camino. Su milagro estaba a la distancia de una oración que no había hecho hasta ese momento, pero una vez que la hizo, todo cambió. Es probable que el milagro que necesitamos esté también a la distancia de una oración que aún no hemos hecho. Arriesguémonos a orar como lo hizo Bartimeo. Tengamos una fe obstinada, alcemos la voz y clamemos por cosas imposibles. Dios será glorificado en ello.

About this Plan

¡Arriésgate!

La fe no es pasividad; es audacia, decisión y movimiento. Hay cosas buenas que llegarán a nuestra vida cuando usemos un ingrediente indispensable: el riesgo. Vivamos con asombro, caminemos el camino de la fe con determinación y vayamos tras las promesas de Dios con coraje. En este devocional escribo sobre esa fe que arriesga, que se reinventa, que actúa y que ve milagros.

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