Cómo obra la fe: Un estudio de Santiago

Devotional

¿Cómo obra la fe cuando estamos en una prueba?  


Imagina una escena en la que acabas de comprar una casa antigua. Ha sido despejada de los muebles, pero en el ático, hay algunos objetos, incluida una vieja y polvorienta caja con cartas fechadas a principios del siglo XX.


Para entender esta correspondencia, primero se debe intentar establecer algunas cosas: cuál era la intención original de la carta, quiénes eran el autor y el destinatario, y en qué contexto vivían el autor y el destinatario. Lo mismo es cierto cuando estudiamos los escritos de la Biblia.


Antes de comenzar a aplicar el significado de un texto bíblico a nuestras propias vidas, tenemos que hacer el mismo tipo de trabajo de detective.


En primer lugar, la historia de la iglesia nos dice que esta carta fue escrita por el medio hermano de Jesús, Santiago. Santiago vivió una vida extraordinaria. Imagina lo que habría sido crecer en el mismo hogar que Jesús. A Santiago se le dio un asiento de primera fila en la vida diaria de Jesús cuando recibió el poder del Espíritu para obedecer de manera plena y perfecta a Dios en todo aspecto de la vida. En Gálatas 1:19, Santiago es considerado uno de los líderes cristianos vivos más estimado y respetado en la tierra, y, con humildad, usa para sí mismo el título simple de “siervo de Dios y del Señor Jesucristo”.


Santiago también fue un líder en la Iglesia principal de Jerusalén (Hechos 15) y fue hábil para resolver conflictos. Incluyó a los gentiles como parte del pueblo de Dios (Amós 9:11, 12). Además, explicó que los cristianos judíos y gentiles podían y debían tener comunión, y que los gentiles no estaban obligados a observar la ley ritual. También instó a los cristianos gentiles a abstenerse de comportamientos potencialmente ofensivos para los judíos.


El público al que se dirigía Santiago parece ser en gran parte conformada por cristianos judíos, las “doce tribus que se hallan dispersas en el mundo”. Las doce tribus se refieren a los orígenes históricos de Israel, que descienden de los doce patriarcas (Deut. 33). Pero el pueblo se dispersó debido a las victorias militares de Asiria y Babilonia sobre la nación. La iglesia se apropió entonces del título de “Dispersión”, con Jesús como su Mesías que restableció las doce tribus (Jeremías 3:18; Ezequiel 37:19-24; Cantar de los Cantares 17:28) y los cristianos (judíos o no judíos) se reconocieron como los verdaderos herederos de la fe judía (Rom. 4; 1 Cor. 10:18; Gál. 4: 21-31; Fil. 3:3). En Cristo, la instrucción y exhortación del libro de Santiago es para todos los miembros de la familia de Dios por medio de la fe en Cristo.


Si hay alguien en la historia que legítimamente podría usar su nombre para impresionar, sería el medio hermano de Jesús, Santiago. Sin embargo, sorprendentemente, Santiago no se presenta como un Apóstol, ni hace la conexión familiar como alguien con la autoridad para escribir a sus hermanos en la fe. Se llama a sí mismo “siervo” de Dios y Cristo, un hombre ligado a su amo, que vive su vida en obediencia con amor sin importarle el costo. Los versículos 2-8 revelan que Dios da dos cosas: pruebas y buenas dádivas. A veces, vienen siendo una misma cosa.


La vida está llena de dolores, problemas y peligros. Cuando éstos inevitablemente llegan, nuestra primera reacción es cualquier cosa menos gozo, porque esas temporadas son difíciles de disfrutar. Sin embargo, según Santiago, son oportunidades para crecer en la fe. En nuestro entendimiento limitado, la salud, la riqueza, la facilidad y la comodidad definen nuestras ideas de una vida plena. Sin embargo, Dios quiere que invirtamos en nuestro carácter, ya que los tiempos difíciles pueden producir personas más santas.


En las pruebas y a través de ellas, Dios nos da tanto la prueba de nuestra fe para revelar dónde encontramos nuestra verdadera identidad y estabilidad, como la sabiduría para soportar la prueba. Experimentar el gozo ante la aparición de una prueba se basa firmemente en una fe profunda en el carácter de Dios y en el poder del Espíritu de Dios. Este es el ejemplo que nos dio Jesús cuando pasó por la cruz antes de volver a su hogar celestial.


¿A qué verdades (de este pasaje y de otras partes de las Escrituras) debemos aferrarnos para enfrentar las pruebas con gozo?