30 días de salud emocional

Devotional

Me sentí tan sola durante mi primer año de matrimonio. Aunque mi esposo y yo nos comunicamos y nos conectamos muy a menudo, de todos modos, también pasaba mucho tiempo sola. Para hacer las cosas peor, como él era el único que conocía, mi única forma de compañía era cuando pasaba tiempo con él.


No soy originalmente de Nebraska, así que de momento me encontré rodeada por granjas de maíz y vecinos que no conocía. Mi corazón lloraba por una conexión profunda y auténtica. Desafortunadamente, no lo busqué de maneras saludables. Comencé a ir a las barras, donde las amistades superficiales se formaban rápidamente y fácilmente sobre unas cervezas y cócteles. Unas amistades que, quizás por el momento me reducían el dolor, pero fallaron en crear una conexión auténtica.


No entendí porque Dios creó esta necesidad, y como tal, Él la satisfaría. Pero de cualquier modo, traté de llenar mis deseos aparte de Él.


Génesis nos explica cómo comenzó la creación. Dios formó al primer humano, Adán, del polvo de la tierra, lo colocó en paraíso y lo rodeó con todo lo que podía necesitar. Todo, menos lo que más su corazón le ansiaba: conexiones con otras personas.


Uno por uno, Dios trajo a los animales a Adán para nombrarlos. Las aves le divirtieron y entretenían, pero no pudieron participar en conversaciones intelectuales ni estimulantes. El caballo era amado pero no podía conversar. El perro era leal pero no podía compartir sus sueños del futuro.


A través de una manera aparentemente metódica, Dios reveló y luego aumentó la necesidad de Adán. Para que solo Él pudiera llenarlo cuando creó a Eva.


Él quiere hacer lo mismo para nosotros. Cuando llega la soledad, uno puede ser tentado a llenar ese vacío a través de conectarse de maneras que no sean saludables y quizás incluso métodos moralmente corruptas. Pero Dios nos invita a entregarle nuestras necesidades emocionales a Él, confiando en que Él las llenará a Su manera y en Su tiempo. Nuestra parte es venir a Dios y seguir a su guía. La función de Dios es de proveer.


~  Jennifer Slattery