Enemigos Del Reino

Devocionales

La envidia nos desenfoca 


La envidia nació en el corazón de Saúl cuando empezó a enfocarse más en la vida de David que en la suya. Quizás fuera verdad que David vencía a más personas en las batallas, pero enfocarse tanto en eso le robó la paz y lo privó de enfocarse en lo verdaderamente importante: la presencia de Dios y sus propios logros. Siempre que volteemos a ver es muy probable que encontremos que alguien más haya logrado cosas que nosotros no, pero no debemos permitir que eso nos altere. Dios tiene algo para cada uno de nosotros, así que no caigamos en el error de menospreciar nuestro propósito por estar viendo lo que sucede a nuestro alrededor.


Los hermanos de José envidiaron los sueños que él tenía, a tal punto que lo vendieron como esclavo. No tenían ni la menor idea de que gracias a ese sueño Dios iba a salvar sus vidas y las de todo un pueblo. La envidia provoca que rompamos vínculos que necesitamos en nuestra vida. Hay personas que Dios quiere usar para acercarnos a nuestro propósito y por la envidia las alejamos. José, cuando estuvo en la cárcel, ayudó a los demás a interpretar sus sueños y gracias a ello un día pudo salir libre. En vez de envidiar confiemos en que lo mismo que Dios hizo por alguien más también lo puede hacer por nosotros.