Enemigos Del Reino

Devocionales

El orgullo precede a la caída


El diablo estaba en el mejor ambiente posible: vivía cerca de Dios y sin ningún problema. El orgullo no tiene nada que ver con lo externo, más bien es una postura del corazón. No nos volvemos orgullosos por las circunstancias, sino porque así lo decidimos. La caída del diablo inició cuando él pensó que era más importante que Dios. No somos mejores que los demás, ni más importantes. Nos necesitamos unos a otros y debemos ser humildes para reconocer que podemos lograr más si permanecemos unidos.


El diablo nubló su juicio cuando su hermosura llenó de orgullo su corazón. No nos damos cuenta de que tenemos orgullo cuando pensamos únicamente en nosotros y no en los demás. La raíz de todos los pecados es esta: pensar que nuestras necesidades son más importantes que las de otros. Muchas de las enseñanzas de Jesús están enfocadas en enseñarnos a pensar en los demás. En la cruz nos dio la muestra más grande de sacrificio por amor al prójimo. No pensó en su bienestar, sino en nuestra salvación. Vivir de forma egoísta es desperdiciar la vida y menospreciar el sacrificio de Cristo. No somos el centro de todo y es momento de extender nuestra mano para ayudar a los demás.