Tumbas a jardines: Restaurando esperanza en lugares muertos

Dia 6 de 8 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

HAY UN GRAN REY


Toda carga desvanece en Su presencia 


Y todo premio es rendido ante Sus pies 


Un nombre hay que es sobre todo nombre 


Oh Jesús, rey sobre todo rey


Como sociedad, buscamos a gente que podamos tener en gran estima. Nos esforzamos a emular a gente que están “ganando en la vida” o que parecen que nunca dejan que sus contratiempos les impida lograr sus metas.


Somos inspirados por sus historias de pobreza a la riqueza y los melodramas que parecen impregnar nuestras vidas.


El problema es que, son personas. Ponemos nuestra mirada en seres humanos imperfectos para que nos ayuden a cargar con nuestras cargas –– y al final, siempre decepcionarán.


Aun los reyes terrenales, gente de importancia y riqueza, necesitaban depender de un poder superior para poder ser exitosos durante su reinado.


Cuando el rey Saúl fue escogido por Dios para gobernar sobre Israel, él comenzó a desobedecer Sus mandamientos, alabándose a si mismo por cada victoria, y Dios revocó la unción que Él había puesto sobre él. El rey David, el hombre que Dios consideraba que estaba detrás de Su propio corazón, reconoció desde temprano que Él merecía la gloria a todo tiempo, sea bueno o malo.


Durante su reinado, el rey David juntó regalos para la construcción del templo de Dios. Y enfrente de su asamblea de comandantes, oficiales, y lideres lo honró a Él diciendo:


«Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo. De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas» (1 Crónicas 29:11-13).


Ya sea en privado o públicamente, David consistentemente reconoció la soberanía de Dios. Él entendió que solo hay un nombre digno de constante alabanza, adoración, y respeto –– ese es el nombre de nuestro Rey Jesús.


Su nombre es el único al que puedes voltear para descansar, depender para consolar, y confiar que nunca cambiará. Él es todo poderoso, omnisciente, y siempre presente.


Deja que Él cargue tus cargas. Alábale a Él por tus victorias. Y dale gracias a Él por todo lo que Él ha hecho y hará en tu vida.