El reto de entender el propósito de nuestra vida

Día 3 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocional

El árbol de la vida


El árbol de la vida no es un árbol del reino vegetal, el paraíso no es un jardín. La naturaleza, el espíritu de Adán y del legalismo siguen llevando a la gente a comer del mismo legalismo y nunca participan del pan que descendió del cielo y siguen entretenidos en definir qué es lo bueno, qué deben hacer los creyentes, qué no se permite.


Pero no nos centramos en lo importante que es comer la vida de Cristo, que es lo que nos hace sabernos justos, no presentar nuestras propias ideas, que resultan en lo mismo que hicieron Adán y Eva, tratar de ponernos hojas que nos presenten delante de Dios. Que si las hojas tienen que llegar a las rodillas o hasta los tobillos, sin entender que lo único que cubre es la piel, pero no por el tamaño de la piel, ni el color, ni el tipo de animal, sino por el sacrificio y derramamiento de sangre que cubre todo pecado. 


Ese árbol está en medio del Paraíso. Adán nunca encontró ese árbol y no comió de él. El árbol sigue estando en medio del paraíso y mucha gente todavía no lo ve. Sigue comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal estableciendo preceptos y conceptos humanos, y se olvidan de lo más importante, que es comer de la vida. Poner sus ojos en Cristo. Nuestros ojos tienen que estar en el autor y consumador de nuestra fe. 


En Apocalipsis 22, vemos cómo se habla del árbol de la vida que está en medio de la calle, es la única calle en medio de la ciudad donde puedes transitar. Te vas a encontrar con el árbol, no tienes otra opción, y está a los dos lados del único río. La ciudad es la iglesia; lo que la gente debe ver, oír, oler, entender, respirar y escuchar en la iglesia es Cristo. Porque Cristo produce un fruto que se da en todo tiempo. 


Los naranjos dan naranjas, el árbol de la vida produce un fruto: vida. Jesús dijo, yo soy el camino, la verdad y el árbol (la vida). Las hojas del árbol producen, realizan, dan como resultado que las naciones sean sanas y las hojas son los pámpanos pegados a la vid, que somos nosotros. No estamos aquí para ver quién canta los mejores coritos de la ciudad, ni quien construye el edificio más grande; tampoco para ver quien hace las reuniones más espectaculares, ni quien tiene los mayores programas de radio y televisión. Sino que estamos aquí para que produzcamos sanidad de los sistemas económicos: sanar la educación, las empresas, las familias, las instituciones, las universidades, la filosofía, las artes, los medios, la política, los valores y sanar nuestro mundo.