El reto de entender el propósito de nuestra vida

Devocional

Oigan y entiendan


Jesús dijo que nada de lo que entra por la boca puede contaminar al hombre. No hay algo que el hombre pueda comer que produzca muerte espiritual. Si comes algo envenenado, puedes morir físicamente, pero no espiritualmente. Ni tampoco existe un árbol físico del cual puedas comer y te dé conocimiento. Lo único que te puede dar conocimiento son los conceptos y enseñanzas. 


Si puedes comer enseñanzas, tu conocimiento cambia. Jesús dijo, no coman de la levadura de los fariseos. Jesús no se refería a algo físico, como comer un pan, sino que se refería a las enseñanzas. Jesús les decía, no te alimentes de las enseñanzas de ellos porque eso te afecta. Lo que Dios le dijo a Adán fue: no comas, no recibas los conceptos del bien y del mal, porque te producen muerte.


Todo concepto del bien y de mal proviene de una ley o una regla de valores. El día que te alimentas de ellos, cambian tus conceptos. Pablo, en Romanos, pregunta: ¿Es pecado la ley? Es de lo que hablamos. Aparte de la ley, el pecado está muerto. En un tiempo, allá en el Huerto, se vivía sin ley, pero al venir el mandamiento, yo morí. 


¿Cómo conoció Adán el pecado? 


Lo que Pablo enseña es que no hay pecado sin ley. El pecado me engañó, Eva fue engañada. Adán murió por un concepto, por un entendimiento de bien y mal. Antes de comer o participar de ese conocimiento, ellos ya estaban desnudos. Pero no tenían condenación, no había un concepto de valores que les dijera: "es malo que estés delante de tu esposo o esposa desnudo". Lo mismo que antes era natural, ahora tenía una conciencia culpable, ya no se veía con naturalidad, entonces hubo un concepto que cambió. 


Pero eso no es lo más importante. Sino que se perdió el objetivo. Adán tenía que encontrar el árbol de la vida. Desde Génesis vemos un árbol de la vida y en Apocalipsis, vemos un árbol de la vida que dice: "Al que venciere le daré de comer el árbol de la vida". Eso no fue algo solo de Adán. Apocalipsis habla a las iglesias, a los que conocen de Dios. A la iglesia que tenga oídos, que encuentre el objetivo, que dé en el blanco, que cumpla el propósito, se le va a dar de lo que Adán no pudo comer, que es Cristo, que está todavía en el mismo sitio: en el Paraíso.