[Serie Dichosos los que sufren] La culpa y el remordimiento

Devocionales

No se angustien ni tengan miedo


No sé si te ha pasado al encontrarte hablando con amigos, y sorprenderte al descubrir que muchos de ellos han tenido una infancia difícil o que han pasado por momentos de miedo y angustia por ser víctimas de bullying o problemas familiares. Quizás has sido tú el que enfrentó esta dificultad. 


Como sea que haya sido, he notado que lo que marcó la diferencia en muchos casos, es el haber encontrado a alguien que tomó la posición de defensor, de consolador. Esta persona les dio ánimo, paz, les dio la palabra justa, en el momento correcto.


Una situación parecida, enfrentaron los discípulos de Jesús. En la última cena, Jesús comenzó a explicarles que muy pronto iba a dejarles, que tendría que cumplir con su misión y que ya no iba a estar con ellos. Los discípulos se entristecieron en gran manera, no solo porque de ahora en más sus vidas serían diferentes sin Jesús a su lado. Sino también porque Jesús les aclaró que iban a tener que enfrentar varias dificultades, que serían perseguidos simplemente por haber estado con él.


¿Puedes imaginarte como se sintieron en ese momento? Pasas los mejores años de tu vida en compañía de un ser amable, bueno, tierno, maravilloso. Una persona que te muestra y te hace ver las cosas de modo diferente, por el cual estás dispuesto a dejar todo, que de repente te dice: «Me voy». 


La cena de despedida podría haber sido bien triste, si no fuera por que Jesús les impartió esperanza. Les prometió que el Padre estaba enviando al Espíritu Santo para que los ayudara y los consolara. El Espíritu Santo haría varias cosas por y para ellos:


1. El Espíritu Santo los defendería, los consolaría.  


2. El Espíritu Santo les enseñaría todas las cosas.


3. El Espíritu Santo les recordaría las palabras que Jesús les había dicho.


Y como cierre de despedida, les prometió que les daría paz, una paz diferente de la que da el mundo. La paz que como Pablo nos dice, sobrepasa todo pensamiento. Esa paz que te quita la angustia y el miedo al porvenir, que te hace dormir confiado porque sabes que estás bajo las alas del Omnipotente. 


Reflexiona: ¿Me apodero de las promesas que Jesús me ha dado? 


Diario de apuntes: ¿Cuáles son las promesas que me dan consuelo? Toma nota de las promesas que has visto en estos días para apropiarte del consuelo que Dios te ha dejado en su palabra.


Palabra de consuelo del día: «Les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se las doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo» (Juan 14:27) DHH. 


Oremos juntos:


Padre Celestial, te entrego todas mis culpas, tú conoces los pensamientos que me pesan y me agobian. Los dejo en tus manos. Recibo la paz que me prometes, Espíritu Santo, conforta mi corazón, sé mi ayudador, sé mi consolador. 


Buen Pastor, muéstrame el camino recto, aunque pase por valle de sombra, puedo confiar en que estás conmigo, no estoy solo/a.


Me tomo de tus promesas, dejo la culpa atrás, salgo de la tienda y miro al cielo, miro las estrellas, pongo mi enfoque en tu amor por mí.


Te ruego que cuides mi corazón y mis pensamientos en Cristo Jesús. Gracias por tus promesas, las atesoro en mi corazón, me apropio de ellas.


En el nombre de Jesús, amén.