[Serie Dichosos los que sufren] La culpa y el remordimiento

Dia 3 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

Clamo a tí, Señor


¿Cuál es tu clamor a Dios en este momento? Esa es la pregunta que nos haremos hoy. En el día de ayer, la palabra de consuelo que recibimos vino de la boca de Jesús: «pidan y Dios les dará». Es un desafío de confianza. Jesús nos presenta la imagen de un padre que responde a las necesidades de sus hijos y nos hace reflexionar diciéndonos que si nosotros humanos, siendo imperfectos, siempre deseamos dar a nuestros hijos lo que nos piden… ¡cuánto más nuestro Padre Celestial!


Quizás te estés preguntando: «¿Pero cómo puedo creer que Dios me escucha si no recibo lo que pido?» Es una pregunta legítima. El escritor del salmo que compartiremos hoy, no se queda con la ausencia de respuesta. Nos cuenta que clama, grita y suplica desde el fondo del abismo. ¿Cuántas veces nos sentimos así? En el fondo del abismo, en un pozo oscuro del cual sería imposible salir a menos que alguien nos brinde ayuda.


La distancia que nos separa es abismal. Muchas veces nuestro propio pecado nos dificulta el rescate, la falta de fe, la culpa porque pensamos que podríamos haber hecho más. Podríamos haber ayudado más a nuestro ser querido. Podríamos haberle dicho más veces que le amábamos. Podríamos haberle tratado con más cariño y con más amor, pero no lo hicimos. 


A veces este sentimiento es verdadero. Otras veces no lo es. La muerte pone entre nosotros y nuestro ser querido este abismo de separación, todo lo que hicimos nos parece nada. Quizá la separación de tu ser amado fue repentina, no te lo esperabas, y justo el día en que falleció había discutido contigo. O quizás ese día le dejaste porque estabas tan agotado de acompañarle en el hospital, que el propio médico te envió a casa a descansar. 


Sea lo que fuere, hoy te invito a que te perdones a tí mismo. No dejes que la culpa te coma por dentro. Si te ayuda, pídele perdón a Dios. El salmista nos dice que en Dios encontramos perdón. Confía, con toda tu alma espera en el Señor, confía en su Palabra. Él nos prometió consuelo. Dichoso el que sufre, porque recibirá consuelo. 


Reflexiona: ¿Cuál es tu clamor a Dios en este momento? ¿Te sientes culpable por algo que hiciste o que no hiciste?


Diario de apuntes: No ignores esos sentimientos, no los escondas. Reconócelos y permite que esas emociones sean liberadas. Dios no dice que no pasarás por el valle de sombra. Dice que pasarás y que él estará contigo. Encontrar una forma segura de expresar tu dolor es una respuesta saludable a la pérdida que sientes. 


Palabra de consuelo del día: «Con toda mi alma espero al Señor, y confío en su palabra. Yo espero al Señor» (versículo 5). Confía, espera en su palabra. Cielo y tierra podrán pasar, pero su palabra no pasará.