[Serie Dichosos los que sufren] La culpa y el remordimiento

Devocionales

Oh Dios, borra mis culpas


Hay días en que apenas nos despertamos y pareciera como si los pensamientos comenzaran a correr una carrera. Estalla una bomba de emociones y se desata la reacción en cadena. Parece incontrolable, abrumadora. Quisiéramos poder poner la mente en silencio como cuando silenciamos nuestro teléfono, ¿no es así?


Es muy posible que tengas la sensación de que la felicidad y la alegría ya no regresarán a tu vida. Te sientes agotado, sin ganas de hacer nada. Y a pesar de haber hecho todo lo que podías y más por ese ser querido, no fue suficiente. Y ese pensamiento quebranta tu corazón. Es un peso difícil y diría hasta imposible de llevar. 


Reflexiona: ¿Te sientes rechazado/a por Dios? ¿Sientes que hay pecado en tu corazón, que hay pensamientos que te separan de Dios?


Diario de apuntes: ¿Hay cosas que siento que he hecho o que no he hecho que deseo que Dios me perdone? Toma nota de ellas. Quítate ese peso de encima. Pide ayuda al Espíritu Santo, pídele que te muestre cada rincón de tu corazón y quita de tu mente esos pensamientos que no te permiten seguir adelante.


Palabra de consuelo del día: La lectura del día de hoy traza una guía práctica, un antídoto para borrar la culpa. El salmista comienza por reconocer los atributos divinos que son los que permitirán que sus culpas sean borradas. Reconoce que Dios es amoroso, compasivo, tierno. Muchas veces, ahogados por las circunstancias dejamos de ver las cosas con claridad y tenemos que recordarnos a nosotros mismos sobre lo que es verdad y lo que no lo es aunque parezca. 


Dios te ama, es compasivo, es tierno, y está dispuesto a borrar tus pecados, a quitar de ti la culpa. Él puede y quiere darte un corazón nuevo, limpio. El puede hacerlo, el puede sanar tu corazón quebrantado, piensa en que esta es la palabra que Jesús compartió la primera vez que dio un sermón. Yo he venido a sanar los corazones heridos, a proclamar libertad a los cautivos, libertad a los prisioneros, a consolar a los que están de duelo. Esta fue su misión en la tierra, fue ungido para esto. Su muerte en la cruz no fue en vano.


Hoy te invito a que salgas de la prisión de la culpa. ¡Sé libre de la culpa! Jesús llevó todo ese peso en la cruz del Calvario por tí y por mí. No permitas que el enemigo de nuestras almas te robe la paz. Abre tus labios al igual que el salmista y canta alabanzas, abre tus labios para declarar que Dios no desprecia a los quebrantados de corazón. ¡Te dará consuelo!