Una vida gloriosa

Devocionales

Santo, santo, santo


Vimos en el primer día de este devocional, que fuimos creados por Dios para manifestar su gloria al mundo. ¿Cómo hacemos eso? La respuesta simple, es que debemos conocer el fundamento para conformarnos con su carácter y santidad.


En el libro de Isaías, vemos la esencia del carácter de Dios proclamado a su creación. Isaías tuvo una visión, al ver los serafines volar sobre la cabeza del Señor cantando, Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; ¡toda la tierra está llena de su gloria!


La santidad es otra forma de su carácter existente. En la visión, Isaías ve a Dios en lo alto y se eleva sentado en el trono, las orlas de su manto llenan el templo. Está más allá de todo lo que sabemos o podemos imaginar. Qué maravillosa visión del Dios santo, quien es tan magnífico que ni siquiera el borde de su manto puede estar contenido en su templo.


La santidad es también la energía detrás del carácter de Dios. En la visión de Isaías, vemos que la santidad actúa en respuesta a su falta de santidad y limpia su pecado. Esto nos dice que Dios es santo en todo lo que Él es, piensa, siente, dice y hace.


En la carta a los Efesios, Pablo dice que antes de la fundación del mundo, Dios diseñó la santidad en su creación, específicamente en ti y en mí. Ese es el estándar que construyó en nosotros y no lo reducirá. Pablo también dice, que la santidad es el deseo de Dios para nosotros. Si la santidad es el estándar de Dios, ¿no debería ser también el nuestro?


En la primera carta de Pedro, dice que nuestro Dios, que es santo, ¡también nos llama a ser santos! Encontramos que la santidad es el atributo esencial del carácter de Dios y para cumplir nuestro propósito de mostrar su carácter, debemos ser santos, puesto que Él es Santo.


Dos preguntas: ¿Cómo manifiesto santidad en mi vida? ¿Cómo vivo a diario en respuesta a la forma en que Dios me hizo, vivo en santidad y manifiesto su carácter?