Una vida gloriosa

Devocionales

Conoce, considera y preséntate


Hasta este punto, hemos entendido que fuimos creados por Dios para mostrar su carácter al manifestar su santidad. Desafortunadamente, el pecado nos impide hacer esto y nuestro fracaso resultante, no importa cuán pequeño sea, merece el juicio de Dios. A través de Jesucristo, Dios ha provisto la gracia como el medio exclusivo por el cual podemos satisfacer sus requisitos para que la única forma en que nuestras vidas puedan agradar a Dios, sea si se vive en su gracia. Por lo tanto, debido a que somos honrados por Dios, estamos llamados a vivir en una actitud de triunfo. Más aun, la pregunta que surge es: ¿Por qué no lo hacemos? De hecho, cuando miramos a nuestro alrededor vemos con mayor frecuencia cristianos vencidos, no triunfantes. La respuesta nuevamente es el pecado, y los próximos tres días tratarán este tema.


Comencemos con el maravilloso recordatorio de Pablo sobre quiénes somos en Cristo, según lo expone en su carta a los Romanos. Declara que estamos viviendo en gracia, muertos al pecado, bautizados en Cristo, sepultados en Cristo, resucitados en justicia en Cristo, unidos en su muerte y resurrección, no esclavos del pecado, libres del pecado, vivimos con Cristo, y somos triunfantes sobre el pecado y la muerte en Cristo. ¡Uf! ¡Qué increíble lista de bendiciones de Dios a través de Jesucristo! Pablo nos recuerda que debemos saber quiénes somos en Cristo.


Luego, Pablo nos dice que, por lo que somos en Cristo, debemos considerarnos muertos al poder reinante del pecado y vivos para el gobierno de Dios en nuestras vidas a través de Cristo. En términos muy simples, el pecado no tiene autoridad sobre nosotros, entonces estamos muertos al pecado (no tiene poder) y estamos vivos para Dios, en Cristo.


Finalmente, Pablo nos dice que a causa de quiénes somos en Cristo y cómo debemos pensar (creer) de nosotros mismos en Cristo, es que debemos presentarnos a Dios como su instrumento de justicia. Literalmente, debemos dejar de entregarnos al pecado y entregarnos a Dios, que desea lo mejor para nosotros.


Cuando se te presenta el pecado, haz lo siguiente: ten seguridad de quién eres en Cristo; considérate muerto a ese pecado pero vivo para Dios en Cristo; y preséntate a Dios como la persona justa que ya eres en Cristo. Conoce, considera, preséntate. Pablo dice que no podemos vivir como solíamos vivir antes, porque no somos lo que solíamos ser. Amén.


Dos preguntas: ¿Cómo tratas el pecado en tu vida? ¿Puedes conocer, considerar y presentarte, para vencer ese pecado?