1 Reyes 11
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Salomón se vuelve idólatra#11.1-40 Este cap. presenta el lado negativo del brillante reinado de Salomón. La conducta de este rey se contrapone así a la de David, su padre (cf. v. 6), el cual se mantuvo fiel a los principios establecidos por el Deuteronomio: un solo Dios, una sola Ley, un solo Templo, un solo Pueblo y una sola Tierra. Con el pecado de Salomón se quebrantaron todos estos principios: Salomón fue en pos de otros dioses (vv. 4-5), desobedeció la Ley (v. 11), adoró en varios santuarios (v. 7) y, como resultado de todo esto, el reino se dividió y la tierra de Israel ya nunca más fue una sola (vv. 29-39). Aquí se subrayan los aspectos religiosos; en 1 R 12.4 se pondrá de manifiesto la injusticia social.
1Además de la hija del faraón, el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas;#11.1 Moabitas... hititas: Todas estas mujeres provenían de pueblos vecinos de Israel: Moab, Edom y Amón al este; Sidón al noroeste, sobre la costa mediterránea. Acerca de las hititas, véase Jos 1.4 n. Los matrimonios de Salomón con estas mujeres debieron realizarse, en su gran mayoría, para ratificar acuerdos políticos y comerciales. Véase 1 R 3.1 nota  b. 2es decir, mujeres de las naciones con las que el Señor había prohibido a los israelitas establecer relaciones matrimoniales porque seguramente harían que sus corazones se desviaran hacia sus dioses.#Ex 34.16; Dt 7.3-4. Pero Salomón, enamorado, se unió con ellas. 3Tuvo setecientas esposas de rango real y trescientas concubinas, las cuales desviaron su corazón. 4Cuando Salomón ya era anciano, sus mujeres hicieron que su corazón se desviara hacia otros dioses, pues no se había entregado por completo al Señor su Dios, como lo había hecho David, su padre. 5Salomón rindió culto a Astarté,#11.5 Astarté: Véase Jue 3.7 nota  c. diosa de los sidonios, y a Milcom,#11.5 Milcom: Cf. 2 R 23.13. ídolo repugnante de los amonitas. 6Así pues, los hechos de Salomón fueron malos a los ojos del Señor, pues no siguió fielmente al Señor, como lo había hecho David, su padre.
7Por aquel tiempo, Salomón construyó, en el monte que está al oriente de Jerusalén,#11.7 El monte que está al oriente de Jerusalén: es decir, el Monte de los Olivos, donde había un antiguo lugar de culto (cf. 2 S 15.32). un santuario a Quemós,#11.7 Quemós: Cf. 2 R 23.13. ídolo repugnante de Moab, y a Moloc, ídolo repugnante de los amonitas.#11.7 Ídolo repugnante: Esta expresión corresponde a un vocablo hebreo que suele traducirse por abominación. En el AT, ese vocablo unas veces se refiere a ciertas prácticas religiosas incompatibles con la fe de Israel, y otras veces se emplea para designar despectivamente a los falsos dioses (cf. Is 66.3; Jer 4.1; 7.30; Ez 5.11; 20.7-8). 8Lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales ofrecían incienso y sacrificios a sus dioses. 9El Señor, Dios de Israel, se enojó con Salomón, porque su corazón se había apartado de él, que se le había aparecido dos veces 10y que le había ordenado no rendir culto a otros dioses. Sin embargo, él no hizo caso de lo que el Señor le había ordenado. 11Por lo tanto, el Señor le dijo a Salomón: «Ya que te has comportado así, y no has cumplido la alianza y las leyes que te ordené, voy a quitarte el reino y a dárselo a uno de los que te sirven. 12Sin embargo, por consideración a David, tu padre, no lo haré mientras vivas; pero se lo quitaré a tu hijo. 13Aunque no le quitaré todo el reino: le dejaré una tribu, por consideración a tu padre y a Jerusalén, la ciudad que he escogido.»
14Entonces el Señor hizo que se levantara un enemigo contra Salomón: Hadad, un edomita, de la familia real de Edom. 15Cuando David venció#11.15 Cuando David venció a: traducción probable. Heb. cuando David estaba en: Cf. 2 S 8.13-14. a Edom, Joab, el jefe del ejército, que había ido a enterrar a los caídos en combate, mató a todos los hombres de Edom; 16durante seis meses se quedó allí, con todos los israelitas, hasta que aniquiló a todos los hombres de Edom. 17Pero Hadad, que entonces era un niño, huyó a Egipto#11.17 Los líderes rebeldes de los pequeños estados siro-palestinenses solían encontrar buena acogida y refugio en Egipto, porque después podían ser usados para promover en esas regiones los intereses imperialistas del faraón. con algunos de sus paisanos que estaban al servicio de su padre. 18Salieron de Madián y llegaron a Parán, donde tomaron a su servicio algunos hombres del lugar. Llegaron a Egipto y se presentaron al faraón, rey de Egipto, y éste les dio casa y comida, y les regaló tierras.
19Hadad se ganó de tal modo el favor del faraón, que el faraón le dio por esposa a su cuñada, la hermana de la reina Tahpenés. 20La hermana de Tahpenés dio a Hadad un hijo que se llamó Guenubat, al cual Tahpenés crió en el palacio del faraón, junto con sus propios hijos. 21Pero cuando Hadad supo en Egipto que David había muerto, y que también había muerto Joab, el jefe del ejército, dijo Hadad al faraón:
—Dame permiso para regresar a mi tierra.
22El faraón le respondió:
—¿Y para qué quieres regresar a tu tierra? ¿Te hace falta algo aquí conmigo?
Hadad respondió:
—No me falta nada, pero te ruego que me permitas regresar.
23Además, Dios hizo que también Rezón se levantara contra Salomón. Rezón era hijo de Eliadá, que se había escapado de su amo, Hadad-ézer, el rey de Sobá. 24Había reunido algunos hombres y era el jefe de una banda de ladrones. Cuando David les mató gente, Rezón se fue a Damasco y se estableció allí como rey.#11.23-24 Cf. 2 S 8.3-8; 10.15-19. El establecimiento de este reino arameo en Damasco (Siria) hizo que comenzara a desmembrarse el vasto imperio constituido por David. 25Fue enemigo de Israel mientras vivió Salomón, y esto se unió al daño que causaba Hadad, pues aborrecía a Israel. De este modo, Rezón llegó a ser rey de Siria.
26También Jeroboam, hijo de Nabat, se rebeló contra el rey. Jeroboam era un funcionario de Salomón, de la ciudad de Seredá y de la tribu de Efraín. Su madre era una viuda llamada Serúa. 27La razón por la que Jeroboam se rebeló contra el rey fue la siguiente: Salomón estaba construyendo el terraplén y cerrando la brecha de la Ciudad de David, su padre. 28Jeroboam era un hombre fuerte y decidido; y al ver Salomón que este joven era muy activo, lo puso a cargo de todo lo relacionado con los descendientes de José.#11.28 Los descendientes de José son las tribus de Manasés y Efraín. Véanse Jos 16.1 n.; 16.4 n.
29Por aquel entonces, un día en que Jeroboam salió de Jerusalén, se encontró en el camino con el profeta Ahías, el de Siló, que iba cubierto con una capa nueva. Los dos estaban solos en el campo, 30y tomando Ahías la capa nueva que llevaba puesta, la rasgó en doce pedazos 31y dijo a Jeroboam: «Toma para ti diez pedazos,#11.31 Diez pedazos: En la comunicación del mensaje profético, las acciones simbólicas eran a veces tan importantes como las palabras (Is 20; Jer 27.1-8; 28.1-4; Ez 4—5). Cf. también 1 R 22.11. El hecho de que la capa sea nueva (v. 29) da más eficacia a la acción. porque el Señor, Dios de Israel, te dice: “Voy a quitarle el reino a Salomón, y a darte a ti diez tribus.#11.31 Jeroboam iba a reinar sobre las diez tribus del Norte, que después de la muerte de Saúl habían hecho un pacto con David y lo habían reconocido como rey (cf. 2 S 5.1-5). Ese estado de cosas se mantuvo durante todo el reinado de Salomón, pero no logró sobrevivir a la muerte de este último (1 R 12). 32A Salomón le dejaré sólo una tribu,#11.32 Esta única tribu es la de Judá, a la que se unió también la de Benjamín, o por lo menos una parte de ella (1 R 12.21). por consideración a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que he escogido entre todas las ciudades de las tribus de Israel. 33Porque Salomón me ha rechazado, y se ha puesto a adorar a Astarté, diosa de los sidonios; a Quemós, dios de los moabitas; y a Milcom, dios de los amonitas. Sus hechos no han sido buenos a mis ojos, y no ha cumplido mis leyes y decretos como lo hizo David, su padre. 34Sin embargo, no le quitaré todo el reino, sino que lo mantendré como gobernante mientras viva, por consideración a mi siervo David, a quien escogí, y quien cumplió mis mandamientos y mis leyes. 35Pero le quitaré el reino a su hijo, y te lo entregaré a ti; es decir, diez tribus. 36Sólo dejaré una tribu a su hijo, para que la lámpara de David,#11.36 La lámpara de David simboliza la continuidad de la dinastía (1 R 15.4; 2 R 8.19; Sal 18.28[29]; 132.17; cf. 2 S 14.7). mi siervo, se mantenga siempre encendida ante mí en Jerusalén, la ciudad que escogí como residencia de mi nombre. 37Yo te tomaré a ti, para que reines sobre todo lo que quieras y seas el rey de Israel. 38Y si obedeces todo lo que yo te mande y tus hechos son rectos a mis ojos, y si cumples mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, mi siervo, yo estaré contigo y estableceré firmemente tu dinastía, como establecí la de David; y te entregaré Israel. 39En cuanto a la descendencia de David, la castigaré por este motivo, pero no para siempre.”»
40Por causa de esto, Salomón procuró matar a Jeroboam; pero Jeroboam huyó a Egipto, donde reinaba Sisac,#11.40 El faraón Sisac reinó en Egipto desde el año 950 hasta el año 929 a.C. aprox. y allí se quedó hasta la muerte de Salomón.
Muerte de Salomón
(2~Cr 9.29-31)
41El resto de la historia de Salomón y de su sabiduría, y de todo lo que hizo, está escrito en el libro de las crónicas de Salomón.#11.41 El libro de las crónicas de Salomón es una fuente de información utilizada para la composición de 1 R 3—11, pero que no ha llegado hasta nosotros. Ese libro debía contener informes sobre las actividades llevadas a cabo en la corte salomónica, archivos del templo y otros relatos que hacían constar los éxitos políticos y diplomáticos de Salomón, y en los que se ponía de manifiesto su sabiduría. Véase 3.1-2 n. 42Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel durante cuarenta años,#11.42 El reinado de Salomón, lo mismo que el de David, duró cuarenta años (1 R 2.11). Tal coincidencia hace pensar que ese número es una cifra redonda y no un dato cronológico preciso. Véase Jue 3.11 n. 43y cuando murió lo enterraron en la Ciudad de David, su padre. Después reinó en su lugar su hijo Roboam.

Texto © Sociedades Bíblicas Unidas, 1994.

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