Ezequiel 3
3
1-4Entonces Dios me dijo:
—Ezequiel, cómete este libro, y llena tu estómago con él.
Yo tomé el libro y me lo comí, y su sabor era tan dulce como la miel. Después, Dios me dijo:
—Quiero, hombre mortal, que lleves un mensaje al pueblo de Israel. 5-6No te estoy enviando a países donde se hablan idiomas desconocidos para ti; si lo hiciera, la gente de esos países te haría caso. 7En cambio, los israelitas, son tan necios y rebeldes que no te harán caso, como no me lo han hecho a mí. 8Sin embargo, yo haré que seas tan terco y obstinado como ellos. 9Te haré más duro que los diamantes y el granito. Así que no te espantes ni les tengas miedo, por más rebeldes que sean.
10Dios también me dijo:
—Pon atención, hombre mortal, y aprende de memoria todo lo que voy a decirte. 11Vete al lugar donde está desterrada la gente de tu pueblo y dales este mensaje de mi parte, tanto si quieren escucharte como si no quieren.
12-14Cuando la gloria de Dios comenzó a elevarse de donde estaba, escuché detrás de mí un ruido muy fuerte, parecido al de un terremoto. Ese ruido lo causaban los seres vivientes al tocar sus alas unas con otras, y también las ruedas que estaban a su lado.
Entonces el espíritu me elevó y me sacó de allí; era como si Dios me hubiera tomado fuertemente de la mano, aunque yo estaba muy molesto y enfadado. 15De pronto me vi en Tel Abib, que está a la orilla del río Quebar. En esa ciudad estaban los israelitas que habían sido desterrados, y allí me quedé entre ellos siete días, sin saber qué hacer ni qué decir.
Dios pone a Ezequiel como vigilante
16Pasados los siete días, Dios me dijo:
17—A ti, hombre mortal, te he encargado mantenerte siempre vigilante y advertir a los israelitas que están en grave peligro. Tan pronto como yo te diga algo, tú deberás decírselo a ellos. 18Si yo le anuncio a alguien que va a morir por causa de su mala conducta, y tú no se lo adviertes, esa persona morirá por causa de su pecado, pero el culpable de su muerte serás tú. 19En cambio, si tú le adviertes que debe apartarse del mal, y no te hace caso, esa persona morirá por causa de su pecado y tú no serás culpable de nada. 20Puede ser que una persona buena deje de hacer el bien y haga lo que está mal. Si yo la pongo en peligro de caer y tú no se lo adviertes, morirá por causa de su pecado sin que yo tenga en cuenta lo bueno que haya hecho antes; pero el culpable de su muerte serás tú. 21En cambio, si le adviertes y deja de pecar, seguirá con vida, y tú quedarás libre de culpa.
Ezequiel se queda mudo
22Mientras yo estaba allí, Dios me hizo sentir su poder y me dio esta orden:
—Levántate y vete al valle. Allí te diré lo que tienes que hacer.
23Así lo hice. Y cuando llegué al valle, vi que allí estaba la gloria de Dios tal como la había contemplado a orillas del río Quebar. Yo me arrodillé para adorarlo, 24pero el espíritu divino me hizo poner en pie y me dijo:
—Vete a tu casa y quédate allí encerrado. 25Debes saber, hombre mortal, que te van a atar y no podrás caminar libremente entre la gente. 26Como los israelitas son muy rebeldes, voy a hacer que te quedes mudo. La lengua se te pegará al paladar y no podrás regañarlos. 27Volverás a hablar cuando yo lo decida; solo entonces les darás mi mensaje y el que quiera escucharte, que te escuche; y el que no quiera, que no te escuche.
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Ezequiel 3: BLB
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