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Serie: Su plan para mí - Tercera Semana

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Puerto Rico 21, Guaynabo, San Juan 00921, Puerto Rico

Saturday 8:30 AM

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Serie para el mes de junio y julio #suplanparami

LAS VICTORIAS DE DAVID

REFERENCIAS:
(CMH) COMENTARIO MUNDO HISPANO
(MH) MATHEW HENRY
(CB) COMENTARIO BIBLICO BEACON
(BP) BIBLIA PLENITUD
(BDV) BIBLIA DEL DIARIO VIVIR
(VM) VICTOR MORALES - OPINION
(CCC) COMENTARIO CONTEXTO CULTURAL
(CBM) COMENTARIO BIBLICO MOODY
Durante esta nueva etapa del Plan de Dios, para con David, vamos a ver los frutos de la preparación previa (durante la persecución de Saúl). El Plan de Dios sigue su curso y ahora le toca a David el turno de comenzar a ejercer la responsabilidad encomendada de parte de Dios, o sea, ser el rey de Israel. Esta concesión no será de golpe y porrazo, sino en un orden establecido por parte de Dios. Primero seria Judá y luego Israel. El proceso tomará cerca de siete años y medio antes de que Israel aceptara a David como rey. Si David tenía 15 años al momento de ser ungido por parte de Samuel y a los 37 años tomó las riendas de Israel eso quiere decir que David tuvo que esperar 22 años para que se cumpliera la voluntad de Dios. Abraham tuvo que esperar 25 años antes de que se cumpliera la promesas de un descendiente. David nunca apresuró el orden ni el tiempo de Dios, todo se ejecutó conforme a la voluntad y el tiempo de Dios. Otro punto importante de esta lección es como aprendemos a manejar las victorias. Tanto las victorias como los fracasos pueden ser instrumentos para crecer pero también pueden ser experiencias para menguar. Todo depende de la actitud que asumamos ante ellas. David demostró madurez ante cada victoria y se mantuvo consultando a Jehová en todo momento. (VICTOR MORALES)
Esta fue la tercera vez que David fue ungido rey. Primero fue ungido en privado por Samuel (1 Samuel 16.13). Luego, fue coronado rey de la tribu de Judá (2.4). Finalmente, fue coronado rey de todo Israel. Cuando vivió fuera de la ley, la vida le pareció hostil; sin embargo, la promesa de Dios de que lo haría rey de todo Israel se cumplía. Aun cuando el reino sería dividido otra vez en menos de setenta y cinco años, la dinastía de David reinaría sobre Judá, el reino del sur, por más de cuatrocientos años/. 5.4, 5 David no llegó a ser rey de Israel hasta que tuvo treinta y siete años, a pesar de que se le había prometido el reino muchos años antes (1 Samuel 16.13). Durante aquellos años, David tuvo que esperar pacientemente para que se cumpliera la promesa de Dios. Si usted se siente presionado para obtener resultados y éxitos inmediatos, recuerde la paciencia de David. De la misma manera que ese tiempo lo preparó para su importante tarea, un período de espera debe ayudarlo a prepararse para fortalecer su carácter. (BDV)
La ciudad amurallada de Jerusalén estaba localizada en una alta colina cerca del centro del reino unido de Israel. Era considerada territorio neutral porque se localizaba en la frontera del territorio de las tribus de Benjamín y Judá y todavía seguía ocupada por los jebuseos, una tribu cananea que nunca fue expulsada de la tierra (Jueces 1.21). Por sus ventajas estratégicas David hizo de Jerusalén su capital. 5.6,7 Los jebuseos tenían una clara ventaja militar y se vanagloriaban de su seguridad detrás de los impenetrables muros de Jerusalén, también llamada Sion. Pero pronto descubrirían que sus paredes no los ayudarían. David los tomó por sorpresa al entrar a la ciudad a través de un canal de agua. Sólo en Dios estamos completamente sanos y salvos. Cualquier otra cosa es falsa seguridad. Ya sea que esté rodeado por impresionantes paredes de piedra, una casa confortable o un trabajo seguro, no dé por hecho que estarán ahí mañana. Nuestra relación con Dios es la única seguridad que no puede ser quitada. 5.12 «Y entendió David que Jehová le había confirmado[...]» Aun cuando los reinos paganos basaban su grandeza en la conquista, poder, ejércitos y riqueza, David sabía que su grandeza provenía exclusivamente de Dios. Ser grande significa mantener una relación cercana con Dios de manera personal y nacional. Para hacer esto, David tuvo que mantener su ambición bajo control. A pesar de que era famoso, exitoso y admirado, le dio a Dios el primer lugar en su vida y sirvió al pueblo de acuerdo con el propósito de Dios. ¿Busca la grandeza proveniente de Dios o del hombre? En el camino al éxito, recuerde mantener su ambición bajo el control de Dios. (BDV)
David tomó el tiempo necesario para consultar a sus oficiales. Como rey, tenía la autoridad final y podría haber dado las órdenes por sí mismo, pero decidió involucrar a otros en el liderazgo. Quizá esta sea la razón por la cual hubo un apoyo unánime en sus decisiones (13.1–5). Cuando estamos a cargo, nos vemos tentados a tomar decisiones unilaterales, haciendo presión por medio de nuestras propias opiniones. No obstante, los líderes importantes escuchan cuidadosamente las opiniones de los demás y alientan a otros a participar en la toma de decisiones. Por supuesto, debemos siempre consultar a Dios primero. Podemos meternos en grandes problemas si no lo hacemos. 13.1ss El relato paralelo del traslado del arca (2 Samuel 5, 6) muestra que los proyectos de construcción de David se terminaron antes de que trajera el arca a Jerusalén. El escritor de Crónicas coloca primero el traslado del arca porque quería subrayar los alcances espirituales de David y su relación con Dios. 13.3 Al arca de Dios también se la llama arca del pacto. El objeto más sagrado de la fe hebrea era una gran caja que contenía las tablas de piedra en las cuales Dios había escrito los Diez Mandamientos (Éxodo 25.10–22). David ya había hecho de Jerusalén su capital política (11.4–9). Ahora él traía el arca a Jerusalén con la esperanza de hacerla el centro de adoración de la nación. 13.3 El arca de Dios había estado en Quiriat-jearim por muchos años. La manera en que Israel descuidó el arca mostraba el desinterés que tenía por Dios. El traer de regreso el arca al centro de la vida de Israel reflejaba el deseo de David de recordar a la nación su verdadero cimiento: Dios. (BDV)



David estaba enojado porque un hombre con buenas intenciones había muerto, y porque sus planes de un regreso gozoso del arca se habían visto frustrados (6.8). Sin duda sabía que la falta era suya por haber transportado el arca sin el debido cuidado. Después de que se calmó, hizo que el arca fuera colocada en un refugio temporal mientras él esperaba ver si Jehová le permitiría llevarla a Jerusalén. Esto además le dio tiempo a David para considerar la forma correcta en la que debía transportar el arca. El hecho de que Dios bendijera la casa de Obed-edom era una señal de que David podría tratar una vez más de mover el arca a Jerusalén. David usó un efod de lino, un delantal sacerdotal, tal vez porque se trataba de una celebración religiosa. Mical fue la primera esposa de David, pero aquí simplemente se le llama la hija de Saúl, posiblemente para mostrar cuán similar era su actitud a la de su padre. Su desdén por David probablemente no comenzó con la gran entrada que hizo David a la ciudad. Quizá pensó que era indigno preocuparse tanto con un culto público en un momento que no tenía importancia en el reino. O quizá pensó que no era digno de un rey mostrar tal emoción. Ella pudo haberse resentido con David por haber tenido que regresar con él, y dejar a Palti (véase la nota a 3.13, 14). Sea cual fuere la razón, este desdén que sintió hacia su esposo se convirtió en una difícil confrontación, y Mical acabó siendo estéril por el resto de su vida. Los sentimientos de amargura y resentimiento si no se los controla destruirán una relación. Deben ser tratados antes de que se conviertan en una guerra abierta. Sólo un sacerdote podía colocar los sacrificios en el altar. Levítico 1.2–13 parece indicar que cualquiera que estuviera ceremonialmente limpio podría asistir a un sacerdote al ofrecer un sacrificio (véanse las notas a Josué 3.5; 1 Samuel 20.26). Por lo tanto David posiblemente ofreció estos sacrificios a Dios con la ayuda de un sacerdote. Salomón hizo lo mismo (1 Reyes 8.62–65). (BDV)
Introducción: Este es el punto teológico de más importancia en este libro. Hasta este punto toda la narración se ha concentrado en la historia de David, pero en este capítulo Dios sale de la anonimato y se revela a sí mismo por medio del profeta Natán. Dios emerge como desde el asiento de atrás para demostrar que él es el que ha tenido el timón en sus manos. (CMH)


El reposo de Dios El escritor comienza mencionando el reposo del cual gozaba David al haber conquistado ciertos pueblos enemigos; este reposo es la máxima expresión del éxito de David, quien había llegado a ser rey, había unido la nación y le había dado paz. Para un pueblo que había nacido en la esclavitud y había permanecido errante en tierras extrañas y había peleado para habitar la tierra, el reposo era la expresión máxima de la vida bendecida por Dios. Jehovah había causado a David descansar de todos sus enemigos. Aunque aún faltaban algunas guerras, David había llegado a dominar a sus principales enemigos. (CMH) David descansa: Estaba el rey asentado en su casa (lit.), tranquilo, sin que nadie turbase su reposo ni le acosase para salir al campo de batalla. Por largo tiempo no había disfrutado de una calma como ésta. Y estaba en su elemento cuando, sentado en su casa, podía meditar en las cosas de Dios y en su Ley (MH) A lo largo del AT el Señor habla de dar descanso a su pueblo (Dt 12:10) , pero aquí se indica que Dios ha dado descanso de sus enemigos a David. Esto es especialmente significativo en este contexto donde David quiere construir un templo, ya que en el Antiguo Cercano Oriente se suponía que el templo ofrecía descanso a la deidad. Este descanso divino a menudo resultaba en descanso para el pueblo en su tierra. En contraste, la Biblia dice poco acerca del descanso divino y nunca es el prerrequisito para el descanso humano con la excepción del sábado. (CCC) El reposo de Dios es la culminación de su obra y cumplimiento de sus promesas, por lo tanto, su realidad en nosotros nos debe conducir a adorarle al reconocer sus maravillas y sus obras. (VM)



La revelación de Dios. La palabra de Dios vino a enseñar una lección grande a David. Si David creía que era humillante que el arca de Dios continuara en una tienda, Dios le demostró que estaba equivocado. Primeramente, Dios demostró a David que, aunque su deseo fuese correcto, su actitud no lo era; no era Dios el que ahora necesitaba de David, sino David quien siempre necesitó y necesitaría de Dios. La pregunta de Dios es irónica: ¿Me edificarás tú una casa en la que yo habite? Dios no necesitaba de David, él es el creador de todo lo que existe; en cambio David sí necesitaba de Dios siempre Dios muestra a David que ni la tienda ni un templo pueden contener su presencia. ¿Podía David construir una casa lo suficientemente grande para que Dios cupiese en ella? (CMH) Plena revelación del favor de Dios para con David por medio de un mensaje que le fue enviado mediante el profeta Natán. El propósito de este mensaje era quitarle a David de la cabeza la idea de edificar el templo, y por eso le fue comunicado: 1. Por la misma mano que le había animado a llevar a cabo la idea, no fuese que, si el mensaje le era comunicado por medio de otra persona, Natán quedase menospreciado y David se sintiese perplejo. 2. La comunicación le vino a David aquella misma noche, para que Natán no continuase por más tiempo en su equivocación y para que David no siguiera llenándose la cabeza con ideas que nunca había de llevar a la práctica (MH) 7.3 El propósito de David de edificar para Dios una casa: Dios tomó buena nota de tal propósito, ya que sabe muy bien lo que hay dentro del hombre, y se agradó en él, como vemos por 1 Reyes 8:18: «Bien has hecho en tener tal deseo»; con todo, no le permitió que lo llevase a la práctica: «¿Tú me has de edificar casa en que yo more? ¡No! Tú no me edificarás casa en que habite (1 Cr. 17:4); tengo designado para ti otro trabajo, que ha de ser llevado a cabo primero». David es un hombre de guerra y debe continuar con sus conquistas para ensanchar las fronteras de Israel. David es también un buen salmista y tiene que preparar salmos para el uso del templo cuando éste haya sido edificado y fijar los turnos de los levitas. Para la edificación del templo, será más apropiado el talento genial de su hijo (aún por nacer), y él dispondrá de mayor cantidad de dinero para los gastos de la obra; por consiguiente, a Salomón le será reservado llevar a cabo esa obra. Cada uno ha de servir conforme al don que haya recibido (Ro. 12:3 y ss.; 1 Co. 12:7 y ss.). La edificación del templo iba a ser obra de mucho tiempo y necesitaba la adecuada preparación; pero era algo de lo que jamás se había hablado hasta ahora. Dios le dice a David: 1. Que hasta ahora nunca había tenido una casa edificada para Él (v. 6); un tabernáculo había servido para ello, y podía continuar sirviéndole por algún tiempo más. Dios no tiene en mucho la pompa exterior del culto; la presencia de Jehová era tan segura y eficaz cuando el Arca moraba en una tienda como cuando estuvo en un templo.
Dios había escogido morar en una tienda Seguidamente, Dios muestra a David el gran significado de morar en una tienda. Dios había habitado en tienda desde que el pueblo salió de Egipto; la tienda era un constante recordatorio del caminar de aquel pueblo y del acompañamiento de Dios con ellos. En todo ese tiempo de caminar con el pueblo, Dios nunca había pedido que se le edificara una casa, y aunque existían lugares como Silo, en los que había morado el arca, no eran considerados como casa permanente del arca. (CMH)
8.2 Introducción: Vienen a continuación las promesas vinculadas a la familia y a la posteridad de David. Él se había propuesto edificar una casa a Dios; ahora, Dios se propone, y promete, edificar casa a David (v. 11); es decir, una dinastía sin fin (v. 16). (MH) 8.3 La promesa de una casa La promesa de Dios que sin duda es futura es la de hacer una casa para David. La última lección para David era que Dios continuaría actuando a través de la descendencia de David. Dios había establecido un pacto de transcendencia eterna con David, su trono sería establecido por Dios para siempre. Keil descubre aquí la verdad de que ―Dios debe primero construir la casa de una persona, antes que esa persona pueda construir una casa a Dios‖; como afirma Keil, Dios estaba comenzando a establecer su reino por medio de David, pero el reino de Dios se establecería en completa paz durante el tiempo de Salomón, y sólo entonces Dios daría las órdenes para que el templo fuese construido. Pero más que llegar a alcanzar completa paz, Dios quería hacer entender a David y al pueblo que eran ellos los que necesitaban ser construidos por Dios, que la persona humana siempre estará en necesidad de la iniciativa divina, que siempre estará necesitada de la intervención divina para ser hecha a su imagen: la persona humana necesita siempre ser construida por Dios, antes que pueda construir algo para Dios. David y el pueblo de Israel necesitaban entender el significado de la soberanía de Dios, antes que construyesen un templo para Dios. Cuando David y el pueblo llegaran a reconocer el significado de la soberanía de Dios, entonces Dios daría la orden para la construcción del templo. Era necesario que se entendiera que Dios transciende cualquier localidad y pensamiento en que los hombres quieran encerrarlo. Herstberg afirma que ―en este pasaje podemos encontrar el fondo de mucho de las polémicas proféticas contra la liturgia del templo‖. Dios transcendía cualquier templo que se le pudiera construir. Era necesario que David y el pueblo lo entendieran así (CMH) 8.4 Dios promete preservar el reino de David La promesa de Dios a David no consistía en hacerle una casa de cedro, sino en preservar y afirmar su reino por medio de un descendiente. La promesa específicamente se refiere a Salomón, a quien Dios levantaría y afirmaría como rey (la soberanía de Dios sobre Salomón es afirmada claramente). En su soberanía, Dios permitiría a Salomón que construyera el templo. Dios no indicó la razón por la cual no permitió a David construir el templo. (Según 1 Crónicas 22, la razón fue que David había derramado mucha sangre en grandes guerras, y que Dios había prometido dar paz a Salomón y le permitiría construir.) Dios no había terminado su obra, y por lo tanto no era el momento apropiado para que David construyese el templo. (CMH) 8.5 La promesa de la paternidad de Dios La promesa incluye una relación especial de parte de Dios para con Salomón, una relación de padre a hijo. El concepto de la paternidad de Dios encierra dos elementos importantes: el amor y la autoridad. La paternidad de Dios sobre Salomón incluía una relación filial de amor y confianza mútua, y también el uso de la disciplina de parte de Dios. Dios se comprometía a corregir a su hijo, su amor no es un amor indiferente a la moral de sus hijos, sino que es un amor que corrige porque se preocupa de la moral de sus hijos. La disciplina de Dios no sería una disciplina fría y cruel, sino una disciplina acompañada de misericordia. Esta misericordia sería permanente, nunca se apartaría de Salomón como se había apartado de Saúl. En la promesa a Salomón, Dios ejercita su soberanía: Dios no apartaría su misericordia de Salomón. Esta promesa de Dios, aplicada a todos los creyentes, es una realidad dentro del nuevo pacto con Jesucristo. La seguridad de la salvación del creyente está basada en el pacto eterno que Dios ha hecho con cada creyente mediante el sacrificio de Jesucristo. De primordial importancia en todo el AT es la paternidad absoluta de Dios sobre el pueblo de Israel, esta se expresa en Exodo 4:22: ―Y dirás a Faraón: Jehovah ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.‖ La paternidad de Dios sobre Israel estaba arraigada en el acto divino de liberación del pueblo de la esclavitud en Egipto y el establecimiento de un pacto con este pueblo. La relación de Dios para con Israel dominaba el contexto del AT. La promesa de una relación filial entre Dios y la descendencia de David no toma un papel importante sino hasta el acontecimiento de la persona de Jesucristo. Esta promesa filial es una promesa del AT que encuentra su cumplimiento total en la persona de Jesucristo. En la de Jesucristo con el Padre se cumple por completo la promesa: Yo seré para él, padre; y él será para mí, hijo. Esta relación se realiza en un grado menor en los creyentes. (CMH) 8.6 La promesa de un reino eterno La promesa de Dios de que el reino sería establecido eternamente, no se refería a la inviolabilidad o la indestructibilidad de Jerusalén, sino a la continua afirmación del reinado de Dios sobre Israel en cualquier circunstancia. Aun cuando Jerusalén fuese destruída y el pueblo llevado cautivo y se acabase la monarquía davídica, Dios continuaría reinando sobre su pueblo y en su tiempo culminaría su reinado a través del Mesías, estableciendo un reino que no tendría fin. En Jesucristo encontramos la culminación del cumplimiento de la promesa hecha a David: en Cristo se manifestó la relación filial exclusiva del Hijo con el Padre; en Cristo se inauguró el eterno reinado de Dios basado en su sacrificio en la cruz; y en Cristo se manifestó la plenitud de Dios habitando entre los hombres, no en un templo hecho de manos, sino en el verbo encarnado(CMH) Algunas de estas promesas se refieren a Salomón, su inmediato sucesor, y al linaje real de Judá. En cuanto a Salomón, vemos: (A) Que Dios le hará heredero del trono de su padre David. (B) Que le afianzará en el trono: «Afirmaré su reino» (v. 12), «afirmaré para siempre el trono de su reino» (v. 13). (C) Que le había de usar en la honrosa y excelente obra de edificar el templo, del que David tuvo sólo la satisfacción de intentarlo: «Él edificará casa a mi nombre» (v. 13). (D) Que entrará con él en un pacto de adopción (vv. 14, 15): Yo le seré a él por padre, y él me será a mí por hijo. No hay cosa mejor para la felicidad nuestra y la de los nuestros que tener a Dios por Padre. La promesa tiene que ver, no con una adopción «de gracia» como es la de los creyentes, sino en sentido impropio de adopción, el mismo nombre que se le impuso únicamente significa «escogido», no para el Cielo, sino para el trono. En cuanto a dicha adopción como «hijo», vemos: (a) Que Dios, como Padre, le corregirá (v. 14), pues ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (He. 12:7). (b) Con todo no le había de desheredar (v. 15). La revuelta posterior de las diez tribus y su separación de la casa de David fue, más bien, una corrección y un gran castigo de dichas tribus por su iniquidad, pero la constante adhesión de las dos restantes tribus a la casa de David perpetuó la merced de Dios a su familia la cual, aunque se acortó, no fue cortada del todo, como lo fue la casa de Saúl. 2. Otras promesas se refieren a Cristo, que varias veces es llamado David y, con mayor frecuencia, Hijo de David, a quien apuntaban en último lugar, estas promesas y en quien tuvieron su pleno cumplimiento. Él era de la descendencia de David (Hch. 13:23). La promesa: Yo le seré a él por padre, y él me será a mí por hijo, es expresamente aplicada a Cristo en Hebreos 1:5. Además, el establecimiento de su trono y de su reino para siempre (vv. 13, 16) no puede aplicarse a nadie más que a Cristo y a su reino (Lc. 1:33). La casa y el reino de David se derrumbaron hace muchísimos siglos; sólo el reino del Mesías es eterno (v. 16). (A) Natán comunicó fielmente a David este mensaje (v. 17) y, al prohibirle edificar el templo, tuvo que contradecirse a sí mismo (comp. el v. 17 con el 3). (B) Dios cumplió fielmente, a su debido tiempo, estas promesas a favor de David y de su descendencia. (MH)
8.7 Sin embargo, un hijo de David, que aún no había nacido, construiría casa a mi nombre (13), y el trono de su reino sería afirmado para siempre. Aunque aquí no se manifiesta expresamente, 1 Reyes 5:3 y 1 Crónicas 28:2–3 agregan la razón por la cual David no podría edificar el templo; a saber, que había sido un hombre de guerra y había derramado sangre. La dinastía de David habría de continuar a través de sus hijos, y no sería desechada como lo había sido la casa de Saúl (14–16). Los versículos 14–15 han sido citados a veces como evidencia de la teoría de que un hijo de Dios nunca puede perderse, y que cuando una de tales personas peca, será castigada pero no condenada. Lo que aquí se tiene en vista no es la salvación personal de Salomón, sino la posición de la dinastía de David. Aparte de este hecho, la mencionada interpretación es totalmente imposible a la luz de pasajes como 2 Crónicas 15:2; Isaías 59:1–2; Ezequiel 18:26; 33:12–13, 18; Juan 15:2, 6; Romanos 6:1–2; 11:22; 1 Corintios 9:27; Hebreos 6:4–6; 10:26–29; 10:38–39; 2 Pedro 2:18–22; 1 Juan 2:4; 3:8–9. Habría que señalar que estas profecías sobre el reino se cumplieron, no del todo en Salomón, sino en el ―mayor hijo de David‖, el Señor Jesucristo (He. 1:5; Lc. 1:31–33; Hech. 2:29–31; 13:22–23). Ningún reino terrenal podría durar para siempre (13, 16). Natán habló fielmente a David conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión (17). La redacción del rey muestra humildad, gratitud y resignación a la voluntad de Dios. (CB)

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