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Centro Cristiano Victoria. Moreno

Es tiempo de aire fresco
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Locations & Times
Centro Cristiano Victoria
Ituzaingó 186, B1744FTD Moreno, Buenos Aires, Argentina
Sunday 10:00 AM
El grave estado de cosas en nuestro mundo tiene un solo motivo, haberle dado la espalda a Dios. Lejos de Dios sólo hay soledad, dolor y muerte. El diablo ha llevado al ser humano a ponerse sobre un pedestal y dejar a un lado al Creador. Pero, como en el corazón de todos hay una necesidad de Dios, el diablo generó una estrategia distractiva paralela, las religiones, y de ese modo desviar la atención del único Salvador. Por lo tanto, negar a Dios o buscar caminos supuestamente alternativos ha llevado al mundo al momento actual. Hay un único Salvador, hay un sólo camino que nos puede llevar a Dios: Jesús.La única manera de encontrarle sentido a la vida es cuando caminamos con Jesús.
En el capítulo 3 del libro de los Hechos nos encontramos con el apóstol Pedro que está predicando y dice:
“Por lo tanto, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados sean perdonados;para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,” Hechos 3:19.
Voy a resaltar primero la parte de la predicación de Pedro que dice: “para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”
Esta expresión, “tiempo de refrigerio”, es muy interesante. Distintas traducciones dicen: descanso, alivio, renovación, oportunidad de sanarse y restaurarse, nuevas fuerzas, revivir con aire fresco, recuperación de la respiración. Esto es lo que implica aquí la palabra “refrigerio”. Me impactó el sentido de “revivir con aire fresco, recuperación de la respiración.”
“Por lo tanto, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados sean perdonados;para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,” Hechos 3:19.
Voy a resaltar primero la parte de la predicación de Pedro que dice: “para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”
Esta expresión, “tiempo de refrigerio”, es muy interesante. Distintas traducciones dicen: descanso, alivio, renovación, oportunidad de sanarse y restaurarse, nuevas fuerzas, revivir con aire fresco, recuperación de la respiración. Esto es lo que implica aquí la palabra “refrigerio”. Me impactó el sentido de “revivir con aire fresco, recuperación de la respiración.”
En estos meses hemos escuchado y leído que uno de los síntomas graves del COVID 19 es la dificultad para respirar o sensación de falta de aire. Las dificultades de respiración son, sin duda, uno de los resultados de los ataques del diablo. Alguna vez les conté mi experiencia en el viaje en avión cuando regresábamos de India. Me faltaba el aire, me ahogaba. Un tiempo después Dios me reveló por su Palabra, leyendo el libro de los Hechos, que fue un ataque diabólico del espíritu de Python, ese tipo de serpiente mata por ahogo. En Calcuta estuvimos un mes, durante ese tiempo no vimos el sol un sólo día, le pregunté a Zulema y me dijo que siempre es así por la contaminación ambiental, a esa contaminación sin duda contribuye la gran cantidad de cremaciones de muertos. Todo esto no es sólo una cuestión ecológica, es principalmente una cuestión espiritual. Millones de dioses/demonios contaminan India y el mundo.
El apóstol Pedro dice: “Para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, tiempos de revivir con aire fresco, de recuperación de la respiración, la oportunidad de sanarse y restaurarse.”
En la corriente avivamientista, es decir, entre aquellos cristianos que creemos y oramos por los avivamientos, hemos entendido estas palabras del apóstol Pedro como expresiones de renovación, de avivamiento, de despertar espiritual.
El apóstol Pedro dice: “Para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, tiempos de revivir con aire fresco, de recuperación de la respiración, la oportunidad de sanarse y restaurarse.”
En la corriente avivamientista, es decir, entre aquellos cristianos que creemos y oramos por los avivamientos, hemos entendido estas palabras del apóstol Pedro como expresiones de renovación, de avivamiento, de despertar espiritual.
Una de las características en los tiempos de sequía espiritual, en que los cristianos hacen acuerdos con el mundo y el príncipe que lo gobierna, es el ahogo, la pereza, la apatía, la tibieza espiritual. Un avivamiento es una temporada en que el Espíritu Santo sopla viento fresco, se lleva las cenizas del pasado y enciende el fuego en los corazones, trayendo refrigerio, sanidad, restauración, recuperación de la respiración espiritual. Aleluya.
Después de haber dicho esto, nos queda revisar qué dice el apóstol acerca de nuestra actitud para que recibir esa visitación del Señor.
Después de haber dicho esto, nos queda revisar qué dice el apóstol acerca de nuestra actitud para que recibir esa visitación del Señor.
Dice la Biblia: “Por lo tanto, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados sean perdonados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,” Hechos 3:19.
Primero.
Para que lleguen tiempos de recuperar la respiración necesitamos arrepentirnos.
Dice la Biblia: “Ya ha llegado el tiempo en que el juicio comience por la propia familia de Dios.” 1 Pedro 4:17.
A menos que nuestro corazón se bañe con un arrepentimiento auténtico de la presencia de Dios no podrá llegar el viento fresco que necesitamos. Lo necesitamos de modo personal y familiar. Y cuando la visitación de Dios llega a un corazón, su fuego quema a quienes lo rodean. Por eso, si querés afectar a otros con la Palabra de Dios primero tiene que estar encendido tu corazón y el primer paso es arrepentimiento.
Segundo. Para que lleguen tiempos de recuperar la respiración necesitamos obedecer. Arrepentimiento y conversión. Otra traducción dice: “Dejen de pecar y vuelvan a obedecer a Dios.” Hechos 3:19.
De eso se trata el arrepentimiento y la conversión. Dejar de pecar y obedecer a Dios. Pero... cuidado, alguno podrá decir... ¿pastor de que me tengo que arrepentir? Hace muchos años, conocí una persona que decía: “yo le entregué mi vida a Cristo pero no tuve que cambiar nada, yo siembre hice lo bueno”. Wow. ¿Qué te parece? ¿A vos te pasa eso? A esta actitud debemos llamarla “orgullo espiritual”. En ese caso, hay que empezar por ahí. Era la actitud de los religiosos en los días de Jesús. Los fariseos en particular se consideraban “puros” y “separados” del resto del pueblo de la tierra quienes eran los impuros. Querido hermano, la espiritualidad se manifiesta en actitudes de paz, misericordia, ternura, paciencia, en no juzgar, perdonar, sanar, no condenar, en pasión por las almas, en servicio efectivo. La espiritualidad no se manifiesta en ojos cerrados queriendo mostrar cierta afectación, al contrario, se manifiesta en ojos bien abiertos entendiendo las necesidades de otros y dejando todo para servir.
Tercero. Cuando hay actitudes de arrepentimiento y obediencia que se verifican en acciones Dios perdona nuestros pecados. Obedecer la Palabra de Dios. El arrepentimiento y la obediencia atraen la bendición de Dios. Cuando hay arrepentimiento y nos volvemos a Dios entonces Él perdona nuestros pecados y trae sanidad. Acaso esto no es lo que dice el Señor:
“Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.” 2 Crónicas 7:14.
Delante del Señor cae el orgullo, la vanidad, la dureza de cuello.
Qué interesante es esa expresión bíblica. Esteban antes de ser apedreado, entre otras cosas, le dijo a los religiosos:“¡Duros de cerviz!” Hechos 7:51.
Muchos entienden “duros de cerviz como “cabeza dura” o “terco”. Pero en realidad significa “duros de cuello” y hace referencia a la actitud engreída de quien mira todo desde arriba y nunca inclina su cuello en arrepentimiento.
Pero cuando hay arrepentimiento y obediencia Dios perdona los pecados y visita ese corazón con el soplo de vida del Espíritu Santo. Y aquí volvemos al principio de esta predicación. Y entonces me resulta inevitable pensar en la profecía de Ezequiel sobre el valle de los hueso secos que dice así:
Para que lleguen tiempos de recuperar la respiración necesitamos arrepentirnos.
Dice la Biblia: “Ya ha llegado el tiempo en que el juicio comience por la propia familia de Dios.” 1 Pedro 4:17.
A menos que nuestro corazón se bañe con un arrepentimiento auténtico de la presencia de Dios no podrá llegar el viento fresco que necesitamos. Lo necesitamos de modo personal y familiar. Y cuando la visitación de Dios llega a un corazón, su fuego quema a quienes lo rodean. Por eso, si querés afectar a otros con la Palabra de Dios primero tiene que estar encendido tu corazón y el primer paso es arrepentimiento.
Segundo. Para que lleguen tiempos de recuperar la respiración necesitamos obedecer. Arrepentimiento y conversión. Otra traducción dice: “Dejen de pecar y vuelvan a obedecer a Dios.” Hechos 3:19.
De eso se trata el arrepentimiento y la conversión. Dejar de pecar y obedecer a Dios. Pero... cuidado, alguno podrá decir... ¿pastor de que me tengo que arrepentir? Hace muchos años, conocí una persona que decía: “yo le entregué mi vida a Cristo pero no tuve que cambiar nada, yo siembre hice lo bueno”. Wow. ¿Qué te parece? ¿A vos te pasa eso? A esta actitud debemos llamarla “orgullo espiritual”. En ese caso, hay que empezar por ahí. Era la actitud de los religiosos en los días de Jesús. Los fariseos en particular se consideraban “puros” y “separados” del resto del pueblo de la tierra quienes eran los impuros. Querido hermano, la espiritualidad se manifiesta en actitudes de paz, misericordia, ternura, paciencia, en no juzgar, perdonar, sanar, no condenar, en pasión por las almas, en servicio efectivo. La espiritualidad no se manifiesta en ojos cerrados queriendo mostrar cierta afectación, al contrario, se manifiesta en ojos bien abiertos entendiendo las necesidades de otros y dejando todo para servir.
Tercero. Cuando hay actitudes de arrepentimiento y obediencia que se verifican en acciones Dios perdona nuestros pecados. Obedecer la Palabra de Dios. El arrepentimiento y la obediencia atraen la bendición de Dios. Cuando hay arrepentimiento y nos volvemos a Dios entonces Él perdona nuestros pecados y trae sanidad. Acaso esto no es lo que dice el Señor:
“Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.” 2 Crónicas 7:14.
Delante del Señor cae el orgullo, la vanidad, la dureza de cuello.
Qué interesante es esa expresión bíblica. Esteban antes de ser apedreado, entre otras cosas, le dijo a los religiosos:“¡Duros de cerviz!” Hechos 7:51.
Muchos entienden “duros de cerviz como “cabeza dura” o “terco”. Pero en realidad significa “duros de cuello” y hace referencia a la actitud engreída de quien mira todo desde arriba y nunca inclina su cuello en arrepentimiento.
Pero cuando hay arrepentimiento y obediencia Dios perdona los pecados y visita ese corazón con el soplo de vida del Espíritu Santo. Y aquí volvemos al principio de esta predicación. Y entonces me resulta inevitable pensar en la profecía de Ezequiel sobre el valle de los hueso secos que dice así:
Cuarto. Dios envía su Viento.
“Entonces me dijo el Señor que llamara al aliento de vida, el Espíritu, y le dijera: «El Señor Dios dice: “¡Ven de los cuatro vientos, oh Espíritu, y sopla sobre estos cuerpos muertos, para que puedan volver a respirar y vivir! Y hablé al aliento de vida tal como el Señor me había mandado, y los cuerpos comenzaron a respirar, volvieron a la vida y se pusieron de pie, como si fueran un poderoso ejército”».” Ezequiel 37:9-10.
Con arrepentimiento y en obediencia clamemos a Dios para que perdona nuestros pecados y nos visite con su Espíritu de Vida soplando en nuestro corazón para que volvamos a respirar aire sano y fresco que nos de vida, y sane nuestra tierra.
Querido hermano, cuando hay soplo de Dios podemos respirar, y cuando respiramos recuperamos la voz para anunciar el amor de Dios.
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.”
Hechos 2:1-11.
Oramos.
“Entonces me dijo el Señor que llamara al aliento de vida, el Espíritu, y le dijera: «El Señor Dios dice: “¡Ven de los cuatro vientos, oh Espíritu, y sopla sobre estos cuerpos muertos, para que puedan volver a respirar y vivir! Y hablé al aliento de vida tal como el Señor me había mandado, y los cuerpos comenzaron a respirar, volvieron a la vida y se pusieron de pie, como si fueran un poderoso ejército”».” Ezequiel 37:9-10.
Con arrepentimiento y en obediencia clamemos a Dios para que perdona nuestros pecados y nos visite con su Espíritu de Vida soplando en nuestro corazón para que volvamos a respirar aire sano y fresco que nos de vida, y sane nuestra tierra.
Querido hermano, cuando hay soplo de Dios podemos respirar, y cuando respiramos recuperamos la voz para anunciar el amor de Dios.
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.”
Hechos 2:1-11.
Oramos.
