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LA IGLESIA, EL CUERPO DE CRISTO 2 PARTE
Continuamos con la segunda sesión de esta materia de nuestro instituto bíblico.
Locations & Times
MVI QUERETARO
Calle Benito Juarez No. 100, José María Arteaga, 76137 Santiago de Querétaro, Qro., México
Wednesday 7:00 PM
¿Usted se ha detenido un poco para pensar en las más distintas formas que se ha presentado la iglesia desde pentecostés hasta los días de hoy? Ciertamente el propósito de Dios era que la iglesia siempre presentara fuerza y el impacto de los primeros años de existencia. Podemos observar como los hombres han modificado la iglesia alo largo de los siglos.
Al inicio la iglesia era pura, después pasó a ser política, después católica y así sucesivamente. Ciertamente es verdad cuando se dice: “En Jerusalén el cristianismo era un estilo de vida, en Roma se volvió una institución, en Europa se volvió una cultura y en Estados Unidos se volvió un emprendimiento.”
En el desarrollo de la historia de la iglesia, ésta paso de ser un movimiento marginal a ser una institución central con el Edicto de Milán (313 DC), en el que Constantino, recién coronado emperador, reivindicaba la conversión al cristianismo, declarando que era religión oficial del estado, deslegitimizando a todas las otras.
Constantino fue más allá de la proclamación del cristianismo como religión oficial: a fin de apuntalar su régimen político, intentó unir iglesia y estado en una especie de abrazo sacramental y por ello congregó a todos los teólogos cristianos y les pidió que elaboraran algún tipo de teología común que uniera a todos los cristianos del imperio y de esta forma asegurara el vínculo político entre iglesia y estado.
Instituyó una organización de iglesia centralizada con base en Roma, que “reinaba” sobre todas las iglesias y unía a los cristianos de todas partes bajo una institución directamente vinculada al estado. Y así como todo cambió y como fue instituido todo lo que vino después y denominamos “cristiandad”.
Es importante plantearnos las siguientes preguntas:
¿Cuántos cristianos creemos que había en el año 100 de nuestra era?
¿Cuántos cristianos creemos que había antes de que Constantino entrara en escena?
100 D. C. Había unos 25000 cristianos aproximadamente.
310 D. C. Había unos 20‘000‘000 de cristianos aproximadamente.
Y surge otra pregunta más importante ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo pasaron de ser un pequeño movimiento a ser durante dos siglos la fuerza religiosa más importante del imperio Romano?
Para considerar en su respuesta:
· Durante todo ese periodo se trataban de una religión ilegal. Como muchos, estaban tolerados, y en el peor de los casos, severamente perseguidos.
· No disponían de edificaciones como iglesias, tal y como las conocemos ahora. Los arqueólogos han descubierto algunas capillas de ese periodo, pero se trata de excepciones a la regla. Lo normal era reunirse en pequeñas casas que se preparaban para ello.
· Ni siquiera disponían de las Escrituras tal y como las conocemos ahora. Durante ese periodo todavía se estaba formando el canon.
· Carecían de una institución y del tipo de liderazgo profesional al que normalmente las asociamos. En tiempos de calma relativa aparecieron elementos prototipo de institución, pero no tal y como atendemos una institución, como mucho se trataba de elementos pre-institucionales.
· No disponían ni de servicios evangelísticos especiales, ni de grupos de jóvenes, ni de bandas de alabanza, ni de seminarios, ni de comentarios…
· De hecho para unirse a la iglesia, significaba llenar requisitos bastante difíciles. A finales del siglo segundo, los aspirantes conversos debían atravesar un periodo de iniciación para demostrar que eran válidos.
Los primeros cristianos carecían de todas esas cosas que normalmente usaríamos para resolver los problemas de la iglesia y sin embargo, ¡en doscientos años pasaron de ser veinticinco mil a ser veinte millones. Así que. ¿Cómo lo hizo la iglesia primitiva?
Antes de descartar el ejemplo del movimiento de la iglesia primitiva por considerarlo una anomalía en la historia, hay en nuestra propia época un ejemplo digno de analizar.
La iglesia en China.
Cuando Mao Zedong subió al poder e inició la purga sistemática de la religión, la iglesia China, que estaba bien establecida según los criterios occidentales debido a la colonización, contaba con un número estimado de dos millones de adeptos. Como parte de su persecución sistemática, Mao hizo desparecer a todos los misioneros extranjeros y ministros religiosos, expropió todas las propiedades de la iglesia, ejecutó a los líderes de primera fila, mató y encarceló a los de segunda y tercer fila, prohibió las reuniones públicas de cristianos, amenazándoles con la muerte y la tortura, y luego procedió a perpetrar una de las persecuciones más crueles que los cristianos han sufrido a lo largo de toda la historia.
El objetivo explícito de la Revolución Cultural era hacer desaparecer de China el cristianismo (y todo tipo de religión). Al final del reinado de Mao y de su sistema, a finales de los 70, y tras la consecuente caída del “muro de bambú” a principios de los 80, se permitió de nuevo que los cristianos ingresaran al país, aunque bajo una supervisión estricta. Esperaban encontrarse con una iglesia totalmente diezmada y unos discípulos débiles y abatidos. Todo lo contrario, descubrieron que el cristianismo había florecido mucho más allá de los que nadie se podía haber imaginado. Las estimaciones de entonces fueron de 60 millones en China, pero hay que seguir contando, ya que desde entonces no ha parado de crecer. David Aikman, antiguo corresponsal de la revista Time en Beijing, sugiere en su libro Jesus in Beijing que los cristianos podrían sumar unos 80 millones.
Es importante considerar que estas personas disponían de muy pocas Biblias (a veces tenían una sola página para cada iglesia, que luego intercambiaban con otra). No disponían de clero profesional, ni de estructuras de liderazgo oficiales, ni de organización central, ni de encuentros masivos. ¡Con todo y eso, crecían como locos! ¿Cómo es posible? ¿Cómo lo hacían?
Se trata de historias peligrosas porque nos subvierten en un viaje que exigirá de nosotros una expresión de cristianismo más radical que nuestra experiencia actual.
Lo que queda claro es que, después del trato de Constantino con la iglesia, se dieron una serie de giros muy significativos. Para ver nuestra propia experiencia de la cristiandad bajo una luz más clara, es necesario destacar los giros más importantes que tuvieron lugar una vez que se impuso.
Los historiadores han aceptado demasiado tiempo la reivindicación de que la conversión del emperador Constantino (283-337) significó el triunfo del cristianismo. No es descabellado el pensamiento de que esto no fue así, ya que sus políticas menguaron los aspectos más atractivos y dinámicos, convirtiendo un movimiento de bases de alta intensidad en una institución controlada por una élite que a menudo conseguía ser cruel y laxa a la vez.
Ante la situación actual de la iglesia, nadie puede decir que las cosas no hayan cambiado de manera fundamental en torno al último siglo. La realidad a que nos enfrentamos es que, después de 2000 años de evangelio, la iglesia está en declive en casi todos los contextos culturales de Occidente.
En busca de una respuesta a esta pregunta, es decir, a la pregunta de cómo lo hicieron aquellos movimientos cristianos, llegamos a la conclusión de que el poder que se manifestó en aquellos movimientos, está también a nuestra disposición. Y el despertar de ese potencial dormido tiene algo que ver con la extraña mezcla de amor apasionado por Dios, la oración y la práctica de la encarnación. Si a eso le añadimos un estilo de liderazgo apropiado, la recuperación del discipulado radical, una organización y estructuras relevantes y las condiciones para que todo ello se pueda catalizar, entonces algo notable puede ocurrir.
Al inicio la iglesia era pura, después pasó a ser política, después católica y así sucesivamente. Ciertamente es verdad cuando se dice: “En Jerusalén el cristianismo era un estilo de vida, en Roma se volvió una institución, en Europa se volvió una cultura y en Estados Unidos se volvió un emprendimiento.”
En el desarrollo de la historia de la iglesia, ésta paso de ser un movimiento marginal a ser una institución central con el Edicto de Milán (313 DC), en el que Constantino, recién coronado emperador, reivindicaba la conversión al cristianismo, declarando que era religión oficial del estado, deslegitimizando a todas las otras.
Constantino fue más allá de la proclamación del cristianismo como religión oficial: a fin de apuntalar su régimen político, intentó unir iglesia y estado en una especie de abrazo sacramental y por ello congregó a todos los teólogos cristianos y les pidió que elaboraran algún tipo de teología común que uniera a todos los cristianos del imperio y de esta forma asegurara el vínculo político entre iglesia y estado.
Instituyó una organización de iglesia centralizada con base en Roma, que “reinaba” sobre todas las iglesias y unía a los cristianos de todas partes bajo una institución directamente vinculada al estado. Y así como todo cambió y como fue instituido todo lo que vino después y denominamos “cristiandad”.
Es importante plantearnos las siguientes preguntas:
¿Cuántos cristianos creemos que había en el año 100 de nuestra era?
¿Cuántos cristianos creemos que había antes de que Constantino entrara en escena?
100 D. C. Había unos 25000 cristianos aproximadamente.
310 D. C. Había unos 20‘000‘000 de cristianos aproximadamente.
Y surge otra pregunta más importante ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo pasaron de ser un pequeño movimiento a ser durante dos siglos la fuerza religiosa más importante del imperio Romano?
Para considerar en su respuesta:
· Durante todo ese periodo se trataban de una religión ilegal. Como muchos, estaban tolerados, y en el peor de los casos, severamente perseguidos.
· No disponían de edificaciones como iglesias, tal y como las conocemos ahora. Los arqueólogos han descubierto algunas capillas de ese periodo, pero se trata de excepciones a la regla. Lo normal era reunirse en pequeñas casas que se preparaban para ello.
· Ni siquiera disponían de las Escrituras tal y como las conocemos ahora. Durante ese periodo todavía se estaba formando el canon.
· Carecían de una institución y del tipo de liderazgo profesional al que normalmente las asociamos. En tiempos de calma relativa aparecieron elementos prototipo de institución, pero no tal y como atendemos una institución, como mucho se trataba de elementos pre-institucionales.
· No disponían ni de servicios evangelísticos especiales, ni de grupos de jóvenes, ni de bandas de alabanza, ni de seminarios, ni de comentarios…
· De hecho para unirse a la iglesia, significaba llenar requisitos bastante difíciles. A finales del siglo segundo, los aspirantes conversos debían atravesar un periodo de iniciación para demostrar que eran válidos.
Los primeros cristianos carecían de todas esas cosas que normalmente usaríamos para resolver los problemas de la iglesia y sin embargo, ¡en doscientos años pasaron de ser veinticinco mil a ser veinte millones. Así que. ¿Cómo lo hizo la iglesia primitiva?
Antes de descartar el ejemplo del movimiento de la iglesia primitiva por considerarlo una anomalía en la historia, hay en nuestra propia época un ejemplo digno de analizar.
La iglesia en China.
Cuando Mao Zedong subió al poder e inició la purga sistemática de la religión, la iglesia China, que estaba bien establecida según los criterios occidentales debido a la colonización, contaba con un número estimado de dos millones de adeptos. Como parte de su persecución sistemática, Mao hizo desparecer a todos los misioneros extranjeros y ministros religiosos, expropió todas las propiedades de la iglesia, ejecutó a los líderes de primera fila, mató y encarceló a los de segunda y tercer fila, prohibió las reuniones públicas de cristianos, amenazándoles con la muerte y la tortura, y luego procedió a perpetrar una de las persecuciones más crueles que los cristianos han sufrido a lo largo de toda la historia.
El objetivo explícito de la Revolución Cultural era hacer desaparecer de China el cristianismo (y todo tipo de religión). Al final del reinado de Mao y de su sistema, a finales de los 70, y tras la consecuente caída del “muro de bambú” a principios de los 80, se permitió de nuevo que los cristianos ingresaran al país, aunque bajo una supervisión estricta. Esperaban encontrarse con una iglesia totalmente diezmada y unos discípulos débiles y abatidos. Todo lo contrario, descubrieron que el cristianismo había florecido mucho más allá de los que nadie se podía haber imaginado. Las estimaciones de entonces fueron de 60 millones en China, pero hay que seguir contando, ya que desde entonces no ha parado de crecer. David Aikman, antiguo corresponsal de la revista Time en Beijing, sugiere en su libro Jesus in Beijing que los cristianos podrían sumar unos 80 millones.
Es importante considerar que estas personas disponían de muy pocas Biblias (a veces tenían una sola página para cada iglesia, que luego intercambiaban con otra). No disponían de clero profesional, ni de estructuras de liderazgo oficiales, ni de organización central, ni de encuentros masivos. ¡Con todo y eso, crecían como locos! ¿Cómo es posible? ¿Cómo lo hacían?
Se trata de historias peligrosas porque nos subvierten en un viaje que exigirá de nosotros una expresión de cristianismo más radical que nuestra experiencia actual.
Lo que queda claro es que, después del trato de Constantino con la iglesia, se dieron una serie de giros muy significativos. Para ver nuestra propia experiencia de la cristiandad bajo una luz más clara, es necesario destacar los giros más importantes que tuvieron lugar una vez que se impuso.
Los historiadores han aceptado demasiado tiempo la reivindicación de que la conversión del emperador Constantino (283-337) significó el triunfo del cristianismo. No es descabellado el pensamiento de que esto no fue así, ya que sus políticas menguaron los aspectos más atractivos y dinámicos, convirtiendo un movimiento de bases de alta intensidad en una institución controlada por una élite que a menudo conseguía ser cruel y laxa a la vez.
Ante la situación actual de la iglesia, nadie puede decir que las cosas no hayan cambiado de manera fundamental en torno al último siglo. La realidad a que nos enfrentamos es que, después de 2000 años de evangelio, la iglesia está en declive en casi todos los contextos culturales de Occidente.
En busca de una respuesta a esta pregunta, es decir, a la pregunta de cómo lo hicieron aquellos movimientos cristianos, llegamos a la conclusión de que el poder que se manifestó en aquellos movimientos, está también a nuestra disposición. Y el despertar de ese potencial dormido tiene algo que ver con la extraña mezcla de amor apasionado por Dios, la oración y la práctica de la encarnación. Si a eso le añadimos un estilo de liderazgo apropiado, la recuperación del discipulado radical, una organización y estructuras relevantes y las condiciones para que todo ello se pueda catalizar, entonces algo notable puede ocurrir.