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Las artes perdidas

DÍA 4 DE 7

Vivir como un atleta del reino

Todos sentimos una gran admiración por las historias de atletas que superan la adversidad para alcanzar la grandeza porque nos motivan a creer que nosotros podemos hacerlo también.

Solo por mencionar algunos ejemplos, tenemos el caso de Wilma Rudolph, que venció la polio y el racismo para convertirse en la primera mujer estadounidense en ganar tres medallas de oro en unas Olimpiadas. O Bethany Hamilton, quien a pesar de haber perdido un brazo en un ataque de tiburón a los 13 años, volvió al surf y se convirtió en una estrella, inspirando a millones de personas. También está Usain Bolt, quien a pesar de nacer con escoliosis, desafió todos los pronósticos para convertirse en el hombre más rápido del mundo.

Todas estas historias son impresionantes, pero a menudo pasamos por alto algo crucial: el sacrificio extraordinario, el autocontrol y la disciplina son necesarios para triunfar. Detrás de cada medalla de oro hay innumerables momentos de restricción: decir no a la comodidad, a los excesos y a las distracciones, y decir sí al entrenamiento riguroso y al enfoque constante.

En el pasaje de hoy, Pablo utiliza esta imagen para hablar a los creyentes en Corinto, una ciudad conocida porque en ella se realizaban los Juegos Ístmicos, desafiándolos a vivir como deportistas, abrazando un “entrenamiento con mucha disciplina” y sometiendo sus cuerpos para glorificar a Cristo. Su mensaje no busca condenar, sino inspirar: es un llamado a buscar un estándar más elevado. Es por ello que Pablo aboga por el arte perdido de la moderación: resistir los placeres del mundo para perseguir la alegría profunda de la vida abundante en Jesús.

Pero, ¿cómo podemos aplicar esto a nuestra vida? Si queremos marcar la diferencia, debemos abrazar el dominio propio. Así como los atletas, debemos aprender a decir no a la comodidad, a la indulgencia y a los placeres pasajeros cuando sea necesario, y enfocarnos en lo que realmente importa: vivir para Dios. Como Pablo nos recuerda, las restricciones en un área pueden dar frutos increíbles en otra.

Claro que esto no es fácil, pero la buena noticia es que no estamos solos. Gracias a Dios, tenemos la ayuda del Espíritu Santo, quien nos fortalece y nos guía. La Escritura nos asegura que cuando permitimos que el Espíritu Santo nos guíe en lugar de nuestros deseos, el dominio propio se desarrollará como el resultado natural del trabajo de Dios en nuestra vida. Él está con nosotros para darnos la fuerza que necesitamos en los momentos de mayor debilidad.

Hoy, pidamos a Dios con valentía que nos ayude a cultivar el dominio propio. Con su ayuda, los sacrificios que hagamos hoy se transformarán en crecimiento espiritual, gozo y un impacto duradero en su reino. Seamos como atletas en entrenamiento, y avancemos con fe y disciplina, sabiendo que el Señor está con nosotros en cada paso.

Oración

Padre amado, gracias por las palabras de Pablo que me inspiran a correr con propósito. Ayúdame a abrazar la disciplina con perseverancia y a renunciar a lo que me aleja de ti. Fortaléceme para correr esta carrera con determinación, sabiendo que, con la ayuda del Espíritu Santo, alcanzaré la meta y podré guiar a otros hacia ti.

En el nombre de Jesús.
Amén.

Acerca de este Plan

Las artes perdidas

¿Y si las virtudes que el mundo ha olvidado fueran las llaves para vivir una vida plena en Cristo? “Las artes perdidas” es un plan de 7 días que te invita a redescubrir la reverencia, el arrepentimiento, la autenticidad, la moderación y otras prácticas espirituales esenciales. A través de pasajes bíblicos profundos y reflexiones transformadoras, este plan te guiará a caminar por los senderos antiguos que conducen al descanso, propósito y plenitud. Haz una pausa. Vuelve a lo esencial. Permite que Dios forme en ti algo eterno.

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Nos gustaría agradecer a Glorify por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: glorify-app.com/es