La vida de Abraham

Dia 6 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

¿Qué respalda un nombre?


El nombre Abram significa «padre exaltado» y el nombre Abraham significa «padre de naciones». En este punto de su vida, Abram tiene noventa y nueve años y sólo ha sido padre durante trece de esos años. Irónicamente, vivió sin hijos durante ochenta y seis años con el título de «padre exaltado», colgando de su cuello. Ahora, con un solo hijo, Dios cambia su nombre a «padre de naciones».


Al darle a Abram este nuevo nombre, Dios le está recordando a Abraham quién es. No porque sea evidente para los observadores, sino porque es la promesa de Dios. Podría ser cómico pensar en un anciano, con un solo hijo, como padre de naciones. Basado en la promesa de Dios, es una realidad.


Esto establece una importante conexión entre la fe y el habla. Hablar lo que es verdad nos ayuda a creer y vivir lo que es verdad. Dios le está dando a Abraham una manera de recordar su promesa repetidamente, todos los días; cada vez que escucha su nombre, Abraham recuerda la promesa de Dios. 


Un lector nos pidió recientemente que proveyéramos algunos pasos prácticos que podemos tomar para adoptar una perspectiva personal verdadera. Este pasaje proporciona un excelente ejemplo de algo muy práctico. Hablar a menudo lo que no se puede ver, pero es cierto. Nombrar las promesas de Dios y hablarlas tantas veces como digas tu nombre.


Cuando creemos en Cristo, se nos da una nueva identidad en él. Somos nuevas creaciones, con nuevos deseos y nuevos dones. Pero nuestra ‘antigua naturaleza’ sigue ahí y no quiere ser suplantada o desplazada. Hablemos esta nueva realidad sobre nuestras vidas. Somos receptáculos del Espíritu Santo. Somos hijos del Rey. Estamos llenos del poder de la resurrección de Jesús. Esto es la verdad. Hablemos nuestra nueva identidad, nuestro nuevo nombre, en voz alta.


Nuestra antigua naturaleza sigue ahí, pero ya no es nuestro amo a menos que lo elijamos. Hablar lo que es verdad nos ayuda a cambiar nuestra perspectiva de lo que éramos (el viejo hombre) a lo que somos ahora (una nueva creación). 


A medida que hablamos nuestro nuevo nombre, nuestra nueva identidad, crecemos en la fe de nuestra nueva naturaleza. Al hacerlo, caminamos siguiendo los pasos de Abraham, el padre de naciones y padre de nuestra fe.